“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”. 2 Timoteo 3:16 En una sociedad en la que cada persona busca definir su propia verdad, la doctrina de Sola Scriptura cobra una relevancia fundamental. Este principio teológico de la Reforma protestante sostiene que la Biblia es la única autoridad infalible para la fe, la doctrina y la práctica cristiana. Por tanto, no es un mero dogma teológico del pasado, sino un ancla vital para la fe cristiana en la actualidad. Afirmar que la Biblia es nuestra máxima autoridad significa reconocer que ninguna experiencia personal, tradición humana, corriente filosófica ni líder religioso está por encima de lo que Dios ha revelado en las Sagradas Escrituras. La Escritura es inspirada por Dios ( theopneustos , término griego que significa «inspirada por Dios»), lo que fundamenta su autoridad divina y su carácter confiable. No es un conjunto de sugerencias piado...
“Él contestó: —Tenía razón Isaías cuando profetizó de ustedes, hipócritas, según está escrito:Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. 7 En vano me adoran; sus enseñanzas no son más que reglas humanas». 8 Ustedes han desechado los mandamientos divinos y se aferran a las tradiciones humanas”. MARCOS 7:8 Hay una frase que seguramente muchos hemos dicho alguna vez: «Es que siempre lo hemos hecho así». La decimos en casa, en el trabajo y también puede aparecer en nuestra vida de fe. Hay cosas que aprendimos desde pequeños, costumbres que vimos en nuestra familia y enseñanzas que llevamos tantos años escuchando que, en algún momento, simplemente las damos por ciertas. Y no necesariamente son cosas malas. El problema surge cuando nunca nos detenemos a preguntarnos: ¿Esto realmente proviene de la Palabra de Dios o es simplemente algo que aprendí y nunca he cuestionado? Creo que esto es parte de lo que Jesús quería mostrar cuando confrontó a los fariseo...