“En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.”
Apocalipsis 22:2 (RVR1960)
Es admirable observar cómo la Palabra de Dios describe de una manera tan hermosa el cierre de los ciclos en las diferentes áreas de la vida. Un ejemplo de ello es que la historia comienza con un matrimonio —Adán y Eva— y termina con otro matrimonio: Cristo y su Iglesia.
La Biblia comienza con un jardín, donde mucho se perdió, y termina con un jardín donde todo es restaurado.
“El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que salga vencedor le daré derecho a comer del árbol de la vida que está en el paraíso de Dios.”
Apocalipsis 2:7 (NVI)
Algo muy interesante es que la palabra paraíso utilizada en este pasaje también puede traducirse como jardín.
En Apocalipsis 22 se describe un río de agua de vida, claro como el cristal, que fluye desde el trono de Dios. Y allí, en medio de él, vuelve a aparecer el árbol de la vida.
Es importante recordar esta promesa:
“¡Miren que vengo pronto! Traigo conmigo mi recompensa y le pagaré a cada uno según lo que haya hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin. Dichosos los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y poder entrar por las puertas de la ciudad.”
Apocalipsis 22:12-14 (NVI)
Es como si Dios estuviera diciendo: “Lo que se perdió lo estoy restaurando completamente.” Pero no solo lo está restaurando, también lo está perfeccionando.
La Biblia nos dice que en ese jardín ya no habrá pecado, ni muerte, ni dolor. Ya no existirá la vergüenza ni la separación. ¿Puedes imaginarlo?
Tú y yo nos encontramos en esta historia entre dos jardines. No vivimos en el Edén original, pero tampoco estamos destinados a permanecer para siempre en un mundo roto.
Querido lector:
Mi historia y tu historia no terminan en Génesis 3; terminan en Apocalipsis 22.
Tal vez hoy estamos viviendo ese proceso, entre jardines, entre lo que se perdió y lo que será restaurado. Pero puedes vivir con esta certeza: Dios ya escribió el final, y es un final lleno de esperanza.
Aplicación personal
Vive hoy con una perspectiva eterna.
Tus luchas no son el final.
Tu dolor no es permanente.
Tu historia está siendo guiada hacia la restauración.
Porque lo que se perdió en un jardín, Dios lo restaurará para siempre en otro.
Esta es la esperanza con la que vivimos.
Es tiempo de lavar nuestras ropas, manchadas por el dolor y la vergüenza, en la sangre de Cristo, y permitir que Dios sea el norte de nuestra vida.
Oración
Amado Señor,
Ayúdame cada día a depender de tu Palabra, a refugiarme en tus brazos y a permitir que tu gracia y tu amor cambien el rumbo de mi existir.
Déjame permanecer cerca de tu corazón.
En el nombre de Cristo Jesús.
Amén.
Con cariño,
Rossemarie Rizzo Martínez Pastora MCI Bogotá




