viernes, 28 de agosto de 2026

 


QUIEN ES JESÚS PARA TÍ

“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.”

San Mateo 16:13-19

 

Querido Lector:

¿Tienes algún amigo o hermano que un momento es tu mejor amigo y al siguiente tu enemigo número uno?

La Biblia nos describe una escena así en la relación entre Jesús y Pedro.

Llegamos a este punto en el ministerio de Jesús en que Su fama se había propagado a muchas regiones y ciudades. Así que Jesús indagó a Sus discípulos sobre lo que se hablaba en las calles.

- ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?

Sus discípulos responden con algunas de las ideas que han escuchado:

la reencarnación de Juan el Bautista, o tal vez Elías, el profeta, o a lo mejor uno de los famosos profetas antiguos. 

Entonces, Jesús lo hizo personal: 

“Y ustedes, ¿quién dicen que soy? Simón Pedro contestó: Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente.”

Mateo 16:15-16

“Mesías” es un título que significa el ungido o elegido.

Pedro respondió correctamente sobre la identidad de Jesús, pero pocos versículos después reveló su apego a su propia definición de lo que realmente significaban estas palabras. Pedro, como muchos otros, tenía esperanzas sobre quién sería el Mesías y lo que lograría. Y probablemente estaba ligado a la imagen popular de un rey conquistador que liberaría al pueblo judío de la autoridad romana.

Pero el plan de Jesús era diferente… Y para lograrlo, tendría que morir!

Y escuchar esto sacudió el mundo de Pedro. ¿Cómo podría Jesús conquistar algo si estaba muerto? “No, no, eso es imposible", corrigió: “¡no te matarán!”.

Esto dijo Jesús: 

… “¡Aléjate de mí, Satanás! Representas una trampa peligrosa para mí. Ves las cosas solamente desde el punto de vista humano, no desde el punto de vista de Dios.”

Mateo 16:23

Pedro fue duramente corregido ¿por qué? Jesús estaba diciendo que la manera de pensar de Pedro estaba en oposición de aquello a donde Él se dirigía. Y eso es algo importante. El pensamiento de Pedro era pequeño y egoísta, limitado por lo que él quería que Jesús fuera. 

Aplicación Personal:

                 ¿Con cuánta frecuencia nos vemos atrapados en la misma mentalidad?

                 Cuantas veces terminamos cortando y pegando hasta que obtenemos esta versión de Jesús y Sus enseñanzas que van más allá de lo que Él realmente dijo y es?

                 ¡Esto no está bien! Confiar en una versión de Jesús menor de lo que Él realmente es, es decepcionante.

                 El verdadero Jesús es más que suficiente, es suficiente en todos los sentidos.

                 Él es Dios con nosotros. Nunca intentemos colocarlo en nuestros pequeños cajones seguros o comprimir al Rey del Universo en un concepto egoísta. Permitamos que Jesús sea Rey, porque cuando lo vemos como realmente es, comenzamos a vernos como realmente somos. 

Oración:

Amado Jesús, ¡te necesito!, quiero conocerte y descubrir tu voluntad para mi vida! Ayúdame Señor, perdona mi egoísmo, mi orgullo y mi incredulidad! Que tu sacrificio en la Cruz sea revelado a mi vida! Amén.

Con cariño, Rossemarie Rizzo Martínez

Pastora MCI Usaquén



jueves, 27 de agosto de 2026



DIOS ESTÁ EN LO COTIDIANO

“Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos. Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; Y serán llenos tus graneros con abundancia, Y tus lagares rebosarán de mosto. No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, Ni te fatigues de su corrección; Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere.”

‭‭PROVERBIOS‬ ‭3‬:‭5‬-‭12‬


Con frecuencia asociamos la presencia de Dios con momentos extraordinarios, como: 

un servicio especial, 

una experiencia emocional intensa.

O con una crisis que nos obliga a clamar o una decisión importante que requiere dirección divina. 

Querido Lector 

En la Escritura nos muestra una verdad más profunda y desafiante: Dios desea ser reconocido no solo en lo extraordinario, sino en lo ordinario de cada día. 

Un ejemplo es la vida matrimonial la cual se construye principalmente en lo cotidiano. 

No en los grandes eventos, sino en las rutinas repetidas, como: 

  1. levantarse temprano, 

2. cumplir responsabilidades, 

3. conversar al final del día, 

4. manejar el cansancio, 

5. resolver pequeños desacuerdos  

6. y tomar decisiones aparentemente simples como quién compra el mercado, prepara alimentos, realiza el aseo en casa, cuida los hijos, saca la basura etc.

Es precisamente en esos espacios donde el corazón comienza a funcionar «en automático» y donde la dependencia de Dios puede diluirse sin que nos demos cuenta. 

Proverbios 3 no nos llama a confiar en Dios de manera parcial o esporádica, sino con todo el corazón. 

Nos invita a CONFIAR : reconociéndolo en todos nuestros caminos. 

Reconocer a Dios no significa solamente mencionarlo en oración, sino vivir con una conciencia constante de Su presencia, permitiendo que Su sabiduría moldee nuestras reacciones, palabras y decisiones como esposos, como hijos, como hermanos. 

Cuando Dios no es reconocido en lo cotidiano, en el caso del matrimonio comienza a apoyarse excesivamente en el propio entendimiento; y es entonces que las conversaciones se vuelven más reactivas, las decisiones más impulsivas y los conflictos más desgastantes. 

No porque falte amor, sino porque falta perspectiva espiritual!. 

El cansancio gobierna, la prisa dirige y el corazón pierde sensibilidad. 

Pero cuando una pareja aprende a reconocer a Dios en los detalles diarios, algo silencioso pero profundo ocurre. 

La presencia de Dios empieza a ordenar lo que antes estaba desordenado. 

No necesariamente cambiando las circunstancias, sino enderezando el corazón. 

La manera de hablar cambia. 

La forma de escuchar se suaviza. Las decisiones se toman con más paciencia. 

La gracia comienza a ocupar espacios donde antes reinaba la frustración. 

La espiritualidad matrimonial no se sostiene únicamente con grandes momentos devocionales, sino con pequeños actos de dependencia repetidos día tras día. 

Ejemplo de ello puede ser:

Una oración breve antes de salir de casa. 

Una pausa antes de responder con dureza. 

Una palabra de gratitud en medio del cansancio. 

Un momento para pedir sabiduría antes de una conversación difícil. Allí, en esos actos sencillos, Dios se hace presente de manera transformadora. 

Reconocer a Dios en lo cotidiano también implica aceptar que no todo está bajo nuestro control. Significa confesar que necesitamos Su guía incluso en las decisiones más pequeñas. 

Es un acto de humildad que libera al matrimonio de la presión de «tener que hacerlo todo bien» y lo coloca bajo la dirección amorosa del Señor. 

El día de HOY quiero invitar a las parejas matrimoniales (a los esposos)  a mirar su vida diaria con nuevos ojos; y mirar a los demás miembros de la familia también con nuevos ojos.

A descubrir que Dios no está distante de la rutina, sino dispuesto a caminar con cada uno de nosotros en cada paso. 

Cuando lo reconocemos juntos en lo cotidiano, Él endereza sendas que parecían torcidas, fortalece el vínculo y convierte lo ordinario en un espacio sagrado.

Te invito a orar conmigo: 

Amado Señor Jesús te invito a vivir conmigo cada día de mi vida, a dirigir mis pasos en mi caminar en esta tierra y a hacerme ser luz en medio de lo cotidiano de mi casa. 

En el nombre de Jesús !

Amén 

Con cariño 

Rossemarie Rizzo Martínez 

Pastora MCI Bogotá 

Inspirado en el devocional: "Juntos y Unidos en su Presencia"



miércoles, 26 de agosto de 2026

LA ILUSIÓN DE LA AUTOSUFICIENCIA

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.”

San Juan 15:4-5, RVR1960

Hay una ilusión que persigue a muchas personas: la creencia de que podemos lograrlo todo por nosotros mismos. En un momento de confianza mal depositada, Pedro le dijo a Jesús que estaría con Él incluso hasta la muerte. Pedro confiaba en su propia fuerza y lealtad. Sin embargo, cuando llegó el momento de la prueba y se vio amenazado, negó incluso conocer a Jesús.

¿Qué sucedió?

Pedro, aunque había pasado años junto a Jesús, se encontró a sí mismo en una situación de crisis en la que su confianza no estaba puesta en Dios, sino en sus propias fuerzas. Su fe se desmoronó, no porque Jesús no fuera digno de confianza, sino porque Pedro confiaba más en sí mismo que en la fortaleza que proviene de permanecer conectado a Cristo.

Esta es la verdad que Jesús enfatiza una y otra vez: “Separados de mí nada podéis hacer”.

Esto no es un llamado al pesimismo, sino al realismo espiritual. No significa que seamos incompetentes o incapaces, sino que reconocemos que la vida verdadera —la vida que realmente importa y que produce fruto eterno— solo puede fluir de Cristo.

Cuando intentamos vivir sin esta conexión, inevitablemente terminamos debilitándonos y, tarde o temprano, fracasamos. No porque no seamos lo suficientemente fuertes, sino porque estamos intentando llevar fruto siendo una rama desconectada de la vid. Y eso es imposible.

Es como pedirle a un músculo que funcione sin recibir sangre o esperar que una planta florezca sin agua. La vida no puede sostenerse cuando está desconectada de la fuente que la sustenta.

Pero aquí está la buena noticia: cuando permanecemos conectados a Él, todo cambia.

Permanecer en Cristo significa reconocer cada día que lo necesitamos, depender de Él, escuchar Su voz, obedecer Su Palabra y confiar en Su poder. Cuando permanecemos en Él, podemos enfrentar aquello que humanamente parece imposible, porque nuestra fortaleza ya no depende únicamente de nosotros, sino de Aquel que nos sostiene.

Con Jesús podemos llevar fruto que permanece. Separados de Él, nada podemos hacer.

Reflexión personal

Medita en estas preguntas:

  • ¿En qué áreas de mi vida estoy confiando más en mi propio esfuerzo que en la fortaleza de Cristo?
  • ¿Qué “fracasos” en mi vida podrían haber sido consecuencia de haber intentado caminar desconectado espiritualmente de Cristo?
  • ¿Cómo puedo fortalecer mi dependencia diaria de Jesús?
  • ¿Estoy permaneciendo verdaderamente en Cristo o solamente recurriendo a Él cuando enfrento una dificultad?

Oración del día

Padre,

Confieso que muchas veces he confiado en mi propia fuerza y sabiduría. He actuado como si pudiera manejar la vida por mis propios medios, olvidando que Tú eres mi fuente y mi sustento.

Hoy reconozco que, separado de Ti, realmente no puedo hacer nada que tenga verdadero valor eterno. Ayúdame a abandonar la ilusión de la autosuficiencia y a abrazar la realidad liberadora de mi total dependencia de Ti.

Enséñame a permanecer en Cristo cada día, a confiar en Tu Palabra, a depender de Tu fortaleza y a reconocer que todo buen fruto proviene de Ti.

Que mi dependencia de Ti no sea una carga, sino una fuente de paz, seguridad y poder. Que mi vida permanezca conectada a Cristo y produzca un fruto que te glorifique.

Amén.

Tomado del devocional Conectado a Cristo.



martes, 25 de agosto de 2026

 


LLENEMOS NUESTRA FAMILIA DE FE

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”

ROMANOS 10:17

 

El día de Hoy estaremos observando cómo El enemigo —a través de las presiones del mundo, las tendencias culturales y las ideas populares— siempre buscará debilitar la fe de nuestros hijos por medio de la duda o haciéndolos caer en el error de una fe incorrecta o mal dirigida.

Pero sabes que lo peor es que una fe debilitada da como resultado la incredulidad, y una fe incorrecta o tener creencias erróneas tiene las mismas consecuencias devastadoras que la incredulidad. Por esta razón debemos orar por nuestros hijos, para que su fe no falte, para que cada día puedan tener una experiencia personal con Jesús!

Oramos para que la fe de nuestros hijos crezca, porque si se debilita, entrarán fácilmente a negociar con el enemigo y terminarán aceptando sus propuestas, que solo serán falsificaciones de una vida que únicamente Jesús puede ofrecer.

Veamos el ejemplo de la vida de Abraham:

Su fe estaba debilitada por la espera, por eso aceptó la propuesta falsificada de su esposa en lugar de esperar en Dios.

Recuerda que la duda es el dardo preferido de diablo para debilitarnos en la fe.

Debemos hacer que nuestros hijos sean diestros en el manejo del escudo de la fe y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. He aquí algunos consejos sencillos para hacer crecer la fe en nuestros hijos desde su más corta edad y no dejar de hacerlo cuando ellos vayan creciendo:

                 Alimenta su fe diariamente leyéndoles y ayudándolos a memorizar la Palabra de Dios.

                 Enséñales con el ejemplo la importancia de pasar tiempo con Dios.

                 Llena su mente con la verdad sobre Dios, su carácter, su plan y sus mandamientos, y busca demostrarles cómo esas verdades son útiles para enfrentar los dilemas de la vida.

                 Muéstrales con la Palabra de Dios el evangelio y las virtudes que se obtienen por pura gracia al pertenecerle a Cristo.

Oración:

Amado Padre celestial, hoy vengo delante de ti para pedirte, en el nombre de Jesús, que seas tú mismo quien engendre, sostenga y haga crecer la fe en mis hijos. Reconozco que la fe verdadera viene de ti, nace de tu Palabra y es un regalo de tu gracia. Gracias, Dios, porque sé que me colocas la misión o tarea de velar por la seguridad de la salvación de mis hijos físicos y espirituales, la cual asumo con diligencia y compromiso. Ayúdame a ser ejemplo de fe en mi casa!

Te doy gracias con todo mi corazón porque tú cuidas de nosotros y sostienes la fe de mis hijos en medio de un mundo lleno de engaño. En el nombre de Jesús, amén.

Inspirado en el libro “Cuando los padres oran”

Con Cariño

Rossemarie Rizzo Martínez

Pastora MCI Bogotá.



lunes, 24 de agosto de 2026



DIOS SE GLORIFICA EN TU IMPERFECCIÓN

“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca.”

‭‭LAMENTACIONES‬ ‭3‬:‭22‬-‭25‬ ‭


El día de hoy tomaremos como ejemplo de rendición, la relación matrimonial.

El matrimonio no une a dos personas completas, sino a dos personas en proceso de ser formadas por Dios. 

Es preciso recordar que cada uno llega al pacto con su propia historia, con su propio pasado, con su manera particular de amar, de reaccionar y de enfrentar la vida. Pero con el paso del tiempo, estas diferencias no se diluyen; por el contrario, se hacen más visibles. 

Es muy importante comprender que el matrimonio se convierte entonces en un espejo que revela tanto virtudes como fragilidades que antes no percibíamos con claridad. 

Es por ello que muchos matrimonios comienzan a desgastarse no porque el amor haya desaparecido, o que el amor se acabe, sino porque las expectativas se vuelven demasiado altas. 

Porque cada uno espera del otro que siempre entienda, que siempre responda con sabiduría, que siempre tenga fuerzas cuando nosotros las necesitamos. Pero Cuando eso no ocurre, la frustración aparece y, si no se maneja con gracia, comienza a levantar muros silenciosos en el corazón. 

Por la gracia de Dios, he podido aconsejar a varias parejas que sin darse cuenta, trasladan a su cónyuge una carga que solo Dios puede llevar. Porque demandan perfección, cuando ambos son imperfectos y necesitados del perfecto amor de Dios, que hecha fuera al temor y al orgullo. 

Hoy estudiaremos en El libro de Lamentaciones, que fue escrito en uno de los momentos más oscuros de la historia del pueblo de Dios. Describe que Jerusalén estaba destruida, el dolor era profundo y la sensación de fracaso espiritual era real. Sin embargo, en medio de ese escenario de ruina, el profeta se detiene y hace memoria de una verdad que sostiene el alma: «Las misericordias del Señor jamás terminan». No es una afirmación nacida de circunstancias favorables, sino de una convicción teológica profunda: Dios sigue siendo fiel aun cuando Su pueblo ha fallado. 

Esta verdad es esencial para el matrimonio cristiano. El pacto no se sostiene porque ambos cónyuges sean siempre pacientes, coherentes o espiritualmente fuertes, sino porque Dios renueva Su misericordia cada mañana. Hay días en los que uno caminará con más claridad y el otro con más cansancio. Habrá momentos de palabras torpes, decisiones equivocadas y actitudes que necesitarán corrección. En todos ellos, la fidelidad de Dios permanece intacta. 

Por ello es clave Aceptar que somos imperfectos, y estoy no es rendirse al pecado ni justificar actitudes que dañan la relación. Es, más bien, un acto de humildad que abre la puerta a la gracia. 

Nos recuerda que el matrimonio es uno de los principales medios que Dios utiliza para santificarnos. Porque es a través de la convivencia diaria, que Dios expone nuestro orgullo, nuestra impaciencia y nuestra necesidad constante de Su ayuda, no para condenarnos, sino para transformarnos. 

Cuando el matrimonio descansa en la fidelidad de Dios, cambia la manera en que se pueden mirar el uno al otro, porque donde antes había exigencia, comienza a surgir compasión, donde había juicio rápido, nace paciencia, donde había frustración acumulada, aparece la oportunidad de extender misericordia. 

El escenario del matrimonio se convierte entonces en un espacio seguro donde el evangelio se vive de manera tangible, cotidiana y real!. 

Determinarnos a caminar juntos como pareja guiada por Dios implica recordarnos una y otra vez esta verdad liberadora: nuestra esperanza no está en que el otro nunca falle, sino en que Dios nunca falla. Dos personas imperfectas pueden perseverar, crecer y amar con esperanza cuando su confianza está firmemente anclada en Dios cuya fidelidad es nueva cada mañana.

Oración:

Amado Señor ayúdame a caminar tomado de tu mano cada día de mi vida. Ayúdame a creer en el pacto del matrimonio es para siempre! Dame la gracia de velar o vigilar que este se cumpla dentro de tus propósitos de divinos. Y ayúdame a amar para perdonar, ayúdame a estar rendido a tus pies para construir y no destruir el amor en mi familia. Señor Jesús, regálame la oportunidad de vivir una vida segura en tu gracia y perdón, porque quiero conocerte y ser un canal de bendición a otros! 

Amén 

Con Cariño, Rossemarie Rizzo Martínez.

Pastora MCI Bogotá




domingo, 23 de agosto de 2026

SEÑOR, ¡ESCÚCHAME!

 “A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí, para que no sea yo, dejándome tú, semejante a los que descienden al sepulcro. Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, cuando alzo mis manos hacia tu santo templo. No me arrebates juntamente con los malos, y con los que hacen iniquidad, los cuales hablan paz con sus prójimos, pero la maldad está en su corazón. Dales conforme a su obra, y conforme a la perversidad de sus hechos; dales su merecido conforme a la obra de sus manos. Por cuanto no atendieron a los hechos de Jehová, ni a la obra de sus manos, él los derribará, y no los edificará.

Bendito sea Jehová, que oyó la voz de mis ruegos. Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado. Por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré. Jehová es la fortaleza de su pueblo, y el refugio salvador de su ungido. Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad; y pastoréales y susténtales para siempre.”

Salmos 28:1-9, RVR1960

Querido lector:

¿Alguna vez has sentido que Dios no está escuchando tu oración?

No sé si alguna vez has sentido que, aun en medio de las lágrimas, con el corazón rendido ante Él y sin nadie más a quien acudir, puede surgir el pensamiento de que quizás Dios no está escuchando.

Y este pensamiento no surge porque Él no pueda escucharte; lo que más duele es pensar que, quizás, no quiere hacerlo.

¿Sabes? En muchas ocasiones me he sentido así. Y si tú también te has sentido de esa manera, quiero decirte algo: no estás solo.

La Biblia nos habla del rey David, quien, de manera similar, también atravesó momentos de duda. En medio de la aflicción que estaba viviendo, las primeras líneas de este salmo dejan ver el clamor de su corazón. David le ruega a Dios que lo escuche y que no lo trate como a aquellos que no tienen en cuenta los hechos del Señor; como aquellos que con sus labios proclaman paz, pero tienen maldad en su corazón (vv. 3-5).

El mayor temor de David era pensar que ya no era importante para Dios y que terminaría siendo tratado como uno de los malvados.

Porque existe una realidad que no podemos perder de vista: tener la certeza de que Dios nos escucha y de que le importamos marca la diferencia frente a cualquier circunstancia que estemos enfrentando.

Porque sí, tú y yo le importamos a Dios.

En medio de las dificultades que muchas veces nos ahogan, podemos enfrentar la tentación de pensar que Dios ha dejado de interesarse por nosotros y que, por eso, ha decidido ignorarnos, mientras sentimos que nos trata como si ya no le perteneciéramos. Pero ese pensamiento es completamente contrario al corazón mismo de Dios.

Él escucha el clamor de su pueblo. Él es el Dios de toda compasión y es quien extiende su misericordia sobre los suyos cada mañana.

Recuerda: Él es nuestra roca, nuestro refugio, nuestra fuerza y nuestra defensa. No existe circunstancia alguna que pueda hacer que dejemos de importarle. No hay tempestad tan fuerte que pueda lograr que Dios nos ignore, porque Él es el Dios que ha hecho un compromiso de fidelidad consigo mismo hacia nosotros.

Dios jamás nos ignora; Él siempre nos escucha.

Es muy importante aprender del rey David, quien no tuvo miedo de expresar con honestidad sus sentimientos delante de Dios. A pesar de sus dudas, decidió creer y confiar en Él (v. 7).

Si piensas o sientes que no le importas a Dios, hoy te invito a que te animes en tu fe y decidas creer, porque es imposible que dejes de importarle a Aquel que pagó el precio de toda su sangre por ti.

En fe, decide creer que no hay aflicción que pueda separarte de Él.

En fe, decide correr hacia Aquel que es tu defensa y tu salvación.

Ora como David: comienza este salmo con un clamor al Señor y termínalo con una expresión de adoración, poniendo toda tu confianza en Él.

Pero hay algo más que no debemos perder de vista al final de este escrito:

“Salva a tu pueblo y bendice a tu heredad; pastoréalos y llévalos en tus brazos para siempre.”

Salmos 28:9, NBLA

Las últimas palabras de David nos apuntan al Buen Pastor, quien dio su vida por sus ovejas y jamás perderá a ninguna de ellas. Aquel que verdaderamente nos pastorea y nos lleva en sus brazos para siempre.

Aplicación personal

  1. ¿Alguna vez creíste que Dios había decidido no escucharte? ¿Qué te llevó a pensar eso?
  2. ¿Qué verdades crees que te serviría recordar en momentos en los que sientas que Dios te ignora?
  3. ¿Qué papel crees que juega la fe en la situación en la que te encuentras hoy?
  4. ¿Qué evidencias de la fidelidad de Dios puedes ver en tu vida que te recuerden que Él no te ha olvidado?

Oración

Usa los versículos de este salmo como guía para levantar tu corazón en lamento y oración delante del Señor.

Amado Señor, a ti clamaré, porque eres mi roca. No te desentiendas de mí. Ayúdame, Señor, en medio de mi aflicción. No me juzgues como a los impíos; escucha mi oración y atiende mi ruego. Dame la fuerza para enfrentar cada batalla. Permíteme ser luz, aun en medio de las tinieblas.

Amén.

Con cariño,
Rossemarie Rizzo Martínez
Pastora MCI Bogotá


sábado, 22 de agosto de 2026

 


¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

“Jehová, no me reprendas en tu enojo, Ni me castigues con tu ira. Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada; Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; Sálvame por tu misericordia. Porque en la muerte no hay memoria de ti; En el Seol, ¿quién te alabará? Me he consumido a fuerza de gemir; Todas las noches inundo de llanto mi lecho, Riego mi cama con mis lágrimas. Mis ojos están gastados de sufrir; Se han envejecido a causa de todos mis angustiadores. Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad; Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro. Jehová ha oído mi ruego; Ha recibido Jehová mi oración. Se avergonzarán y se turbarán mucho todos mis enemigos; Se volverán y serán avergonzados de repente.”

SALMOS 6:1-10

 

En este Salmo 6 se describen las armas que está empleando el enemigo para oprimirnos como son la debilidad, el terror, la ansiedad y la angustia. David, quien es el autor de este Salmo, también sentía que Dios guardaba silencio y que estaba dispuesto a dejarlo hundirse en el dolor. David le rogó al Señor que no lo reprendiera en Su ira, le pidió que tuviera piedad de él porque ya no tenía fuerzas, que lo sanara porque sentía que hasta sus huesos se estremecían.

Como parte de sus circunstancias de aflicción, la muerte misma estaba cerca. Por eso, en los versículos 4-5, vemos la urgencia de David para que Dios intervenga, porque si Él no hacía algo y la muerte llegaba, sus labios serían silenciados y ya no podría alabarlo por Su liberación, esto denota que se encontraba en una profunda aflicción, pero tenía esperanza.

Querido Lector, existen muchos momentos en nuestras vidas en que vivimos circunstancias difíciles, en los que tenemos que librar una batalla en nuestra mente, y es entonces que el terror de la opresión, la angustia de la incertidumbre o la ansiedad ante la realidad de la muerte, se vuelven tan presentes que el sentir de nuestro corazón es que Dios está ausente, que se ha olvidado de responder y de traer liberación.

Este Salmo nos trae la esperanza de que Dios ve nuestro dolor y nuestras lágrimas: «Porque el Señor ha oído la voz de mi llanto» (v. 8, NBLA).

Las circunstancias de David no parecen haber cambiado, excepto su reconocimiento de que Dios lo había escuchado y de que la realidad de saber que el Dios que oye, traía esperanza a su corazón.

Él es el Dios que escucha nuestra oración y está en medio de nosotros aun cuando no logramos sentir Su cercanía. En nuestras lágrimas, Él es el Consolador. Cuando sentimos que no podemos seguir adelante, Jesús persevera por nosotros. En nuestra incredulidad, Él nos da Su perdón. En medio de la opresión, Él es el Dios que hace justicia. Aun frente a la realidad de la muerte, en Jesús tenemos la seguridad de que nada ni nadie podrá apartarnos de Su amor. (Romanos 8:38-39).

Podemos confiar en Jesús aun cuando no podamos encontrarlo. Él es el Dios que no nos abandona y en todo tiempo escucha nuestro clamor.

Aplicación personal:

         1.      ¿Recuerdas algún momento en el que hayas sentido que Dios guardó silencio en medio de tu aflicción? ¿Qué fue lo más difícil de atravesar en esa temporada?

         2.      ¿De qué manera has experimentado el consuelo del Señor cuando tus lágrimas han estado presentes cada noche?

         3.      ¿Cómo trae esperanza a tu corazón saber que Jesús persevera por ti, aun cuando sientes que ya no puedes más?

         4.      ¿Qué te muestra del carácter de Jesús el hecho de que Él escucha el clamor de nuestras lágrimas?

Importante!

Usa los siguientes versículos como guía para levantar tu corazón en lamento y oración hacia el Señor.

                 Acércate a Dios: «SEÑOR, no me reprendas en Tu ira, ni me castigues en Tu furor» (v. 1).

                 Presenta tu sentir: «Mi alma también está muy angustiada; y Tú, oh Señor, ¿hasta cuándo?» (v.3).

Ora pidiéndole al Señor:

«Ten piedad de mí, Señor, porque estoy sin fuerza; sáname, Señor, porque mis huesos se estremecen» (v. 2)

Decídete a confiar

«El Señor ha escuchado mi súplica; el Señor recibe mi oración» (v. 9)

Oración:

Amado Señor Jesús, te pido que me ayudes a encontrar en tu palabra la guía para mis pasos, aún en medio de la aflicción y del dolor. Y permíteme ser testigo del amor del Padre en cada área de mi vida para poder vivir una vida plena en tu Espíritu Santo. Amén.

Con cariño, Rossemarie Rizzo Martínez.

Pastora MCI Bogotá.



  QUIEN ES JESÚS PARA TÍ “Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres q...