De niño me enseñaron a detenerme antes de comer, inclinar la cabeza y agradecer a Dios por mi comida. Hasta hoy día, 77 años después, inclino mi cabeza para dar gracias inclusive en un restaurante. Quizá me equivoque, pero creo que muchos lo han olvidado. No es una crítica; solo trato de compartir lo que observo. Mi corazón se alegra al ver que otros agradecen a Dios por sus bendiciones sin avergonzarse. Una de las razones por las que esto ya no se practica en estos días es que la gente está tan ocupada que las familias rara vez se reúnen para comer. Timoteo nos advirtió acerca de los maestros que impondrían sus doctrinas y reglas sobre la gente. El versículo anterior dice que algunos enseñarán la abstinencia de ciertos alimentos y prohibirán casarse. “ Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado ." 1 Timoteo 4:4-5 Cuando Jesús alimentó a la multitud, lo pr...