VIVIENDO CON PROPOSITO

 


ROMANOS 11:36

36 PORQUE DE ÉL, Y POR ÉL, Y PARA ÉL, SON TODAS LAS COSAS. A ÉL SEA LA GLORIA POR LOS SIGLOS. AMÉN.

En este versículo encontramos una de las declaraciones más profundas y reveladoras de la Biblia, nos ofrece una visión completa del propósito de nuestra vida y nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con Dios. Cada palabra en este versículo nos recuerda que no somos el centro del universo, sino que nuestra existencia tiene un origen, una razón y un destino mucho más grande que nosotros mismos.

"De Él": Todo lo que existe, incluidos nosotros mismos, proviene de Dios. La vida que tenemos, el aliento que respiramos, la creación que nos rodea, todo tiene su origen en Él. Cada aspecto de nuestra existencia es un regalo divino. En este sentido, al reconocer que todo lo que somos y todo lo que tenemos viene de Él, podemos vivir con un corazón lleno de gratitud. No somos una casualidad ni el producto del azar, sino que estamos aquí por la voluntad perfecta de un Creador que nos ama y nos ha dado la vida.

"Por Él": Vivir con propósito implica entender que nuestra existencia tiene un objetivo claro: cumplir el propósito divino para el cual fuimos creados. Somos llamados a vivir por Él, a ser instrumentos de su amor, su bondad y su paz en este mundo. Cada momento de nuestra vida debe estar enfocado en reflejar Su carácter y en llevar a cabo Su voluntad. Vivir "por Él" nos invita a ser conscientes de que nuestras decisiones, nuestras acciones y nuestras relaciones deben estar alineadas con lo que Dios desea para nosotros. Esto transforma la forma en que vivimos, ya que no solo nos vemos a nosotros mismos como individuos, sino como parte de un plan más grande, diseñado por un Dios soberano.

"Para Él": El propósito final de nuestra vida es glorificar a Dios. "Para Él" significa que todo lo que hagamos debe estar dirigido a honrar y exaltar a Dios en todas nuestras actividades. No importa cuán grandes o pequeñas sean nuestras acciones, todo tiene valor cuando lo hacemos con la intención de darle gloria a Dios. Este entendimiento nos ayuda a encontrar significado en lo que a menudo puede parecer mundano o sin importancia. Vivir para Él implica reconocer que nuestro propósito más alto es reflejar Su gloria en cada parte de nuestra vida. Cuando vivimos de esta manera, encontramos una paz y un sentido de dirección que no dependen de las circunstancias, sino de nuestra relación con Él.

El versículo de hoy nos lleva a una profunda reflexión sobre el significado de la vida. Vivir con propósito no significa buscar nuestra propia satisfacción o acumular logros terrenales, sino vivir para el propósito que Dios tiene para nosotros. Esto nos desafía a vivir con una mentalidad transformada, una vida que va más allá de nuestros deseos personales y que se orienta hacia el cumplimiento del plan divino.

Al reconocer que “de Él, por Él y para Él son todas las cosas”, podemos vivir con una nueva perspectiva. Sabemos que no estamos aquí por casualidad, sino que somos parte de una historia más grande, una historia escrita por un Dios que tiene un propósito para cada uno de nosotros. En lugar de vivir persiguiendo cosas que son efímeras y temporales, podemos encontrar satisfacción en vivir para lo eterno. Al enfocarnos en Él, nuestras vidas adquieren un propósito profundo, y experimentamos la verdadera plenitud que solo puede venir de una relación con el Creador.

Hoy, te invito a reflexionar sobre este versículo y a considerar cómo puedes alinear tu vida con el propósito divino que Dios tiene para ti. Recuerda que todo lo que tienes, todo lo que eres, proviene de Él, y todo lo que haces debe ser para Él. Vive con gratitud, vive con propósito, y vive para Su gloria.

ORACIÓN

Amado Dios, gracias por el regalo inmenso de la vida y por permitirme vivir para Ti. Te doy gracias por caminar a mi lado, bajo Tu protección y Tu guía. Ayúdame a alinearme con Tu propósito en cada momento y en cada acción. Que todo lo que haga sea para honrarte, glorificarte y compartir Tu amor con aquellos que tanto Te necesitan. Gracias, Señor, porque si no estuvieras en nuestras vidas, estaríamos perdidos en este mundo. Te pido que sigas transformando mi corazón y mi mente para que cada día pueda reflejar Tu voluntad y ser un instrumento de Tu paz. En el nombre de Jesús, amén.

Con cariño,

NATALIA ESPITIA



Comentarios

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

CÓMO EL ESPÍRITU SANTO RESTAURÓ MI CORAZÓN