Fruto del Espíritu “PAZ”


 

  En cambio, el Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios,

Gálatas 5:22


Un rey que quiso premiar al artista que mejor plasmase en un cuadro la sensación de paz perfecta; muchos fueron los pintores que concurrieron a la convocatoria con obras de gran belleza, pero finalmente, el monarca escogió sólo dos que realmente le complacieron.La primera obra mostraba un lago de tranquilas aguas en las que se reflejaban las plácidas montañas que le rodeaban y un cielo de un azul intenso con algunas nubes blancas; su otra elección era radicalmente diferente, aunque también reproducía montañas, éstas eran abruptas y escarpadas, sobre ellas caía una tormenta que descargaba un fuerte aguacero con rayos y truenos, montaña abajo caía un torrente impetuoso que rompía con fuerza contra piedras y salientes.En principio, nada hacía pensar que este cuadro transmitía paz, pero fijándose bien, el rey había observado que, tras el torrente crecía un árbol y, en una de sus ramas se había posado un pájaro que descansaba plácidamente ajeno al ruido.El rey escogió esta segunda pintura y explicó así su elección: “Paz no significa estar en un lugar sin conflictos, problemas o ruido; paz es permanecer serenos a pesar de que a tu alrededor todo sean adversidades y dolor”.

En un mundo caracterizado por la ansiedad, la incertidumbre y el constante conflicto, la paz se ha convertido en un bien escaso; sin embargo, la Escritura nos enseña que la paz no es simplemente la ausencia de problemas, sino la presencia de Dios en medio de ellos. 

Cuando el apóstol Pablo menciona en Gálatas 5:22 los frutos del Espíritu, destaca que uno de ellos es la paz, no como el mundo la da, sino como solo Dios puede darla (Juan 14:27).

Esta paz es el resultado directo de una relación restaurada con Dios por medio de Cristo. Romanos 5:1 nos dice: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. La reconciliación con Dios es la base sobre la cual se edifica la paz, es decir, la tranquilidad interna que nosotros como creyentes experimentamos al saber que nuestra vida está en las manos del Dios.

Pero esta paz no es producto de nuestro propio esfuerzo o de nuestra determinación por estar bien, es el fruto del Espíritu Santo morando en nuestro corazón. Es una paz que, como dice Filipenses 4:7, “sobrepasa todo entendimiento”, porque no depende de las circunstancias externas, sino de la obra interna del Espíritu.

La paz de Dios no niega la existencia del sufrimiento, pero sí niega que el sufrimiento tenga la última palabra; es por eso que el creyente puede experimentar una profunda serenidad en medio de la tormenta, sabiendo que el Dios que calmó el mar en Galilea sigue teniendo autoridad sobre las aguas de nuestra vida.

Vivimos en un tiempo donde el mundo necesita ver creyentes que viven en paz, no porque todo esté bien, sino porque su confianza está en el Dios que todo lo gobierna. Esta paz es uno de los mayores testimonios del poder transformador del evangelio; esto no se puede imitar ni falsificar porque proviene de un corazón rendido al señorío de Cristo; rindámonos pues dejando nuestra carga en sus manos, ya que El ha prometido que estaría con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Oración:

Señor yo te pido que las circunstancias que hoy vivo sean un canal para que tu manifiestes tu poder, tu gracia, tu misericordia y amor; reconozco que separado de ti nada puedo hacer, por eso te pido que la paz que solo puede provenir de ti guarde mi corazón y me lleve a acercarme y a depender cada vez mas de ti; presento mi vida y te pido que tu puedas obrar con total libertad, que se haga tu voluntad y no la mía. 

Amén!!!

Con cariño Karina Serrato 








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