SEAMOS SANTOS

" Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.."

2 Pedro 1:10-11

Este pasaje nos revela que la santidad no solo honra a Dios, sino que afirma nuestra identidad, nos guarda de caer y nos prepara para la eternidad.

Vivir en santidad no es una moda religiosa ni una lista de reglas imposibles de cumplir. Es un llamado amoroso de Dios a una vida plena, firme y con propósito eterno. En un mundo que normaliza el pecado y relativiza la verdad, la santidad se convierte en una decisión diaria que define nuestro caminar con Cristo

Quiero enfocarte en 4 puntos específicos para poder construir una vida en Santidad de la mano de Dios

  1. La santidad confirma mi llamado y mi identidad

Pedro nos dice: “procurad hacer firme vuestra vocación y elección”. Esto implica responsabilidad espiritual. Dios ya nos llamó y nos eligió por gracia, pero vivir en santidad confirma con hechos lo que creemos con palabras.

Vivir en santidad significa vivir de acuerdo con quien soy ahora en Cristo: hijo de Dios, apartado para Él, con una nueva naturaleza. No vivo en santidad para ser salvo, sino porque ya fui alcanzado por la salvación

Cada decisión que había tomado en mi vida en lo que veía, lo que escuchaba, lo que decía y cómo reaccionaba me habían afirmado o debilitado en mi llamado. Pero cuándo Cuando elegí agradar a Dios, Él afirmó mi identidad y fortaleció mi fe y mi llamado a ser ese hijo amado que él siempre quiso que fuera, pero la verdadera batalla no ha sido entrar en santidad si no en mantenerme firme en Él a pesar de lo que había hecho en mi pasado por que el enemigo siempre usa eso en contra de uno, pero como dice la Biblia en Santiago 4:7

Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.

  1. La santidad me guarda de caer:

La Palabra es clara: “porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás”. La santidad no nos hace perfectos, pero sí nos mantiene vigilantes, dependientes del Espíritu Santo y sensibles a la voz de Dios, muchos tropiezos espirituales comienzan con pequeñas concesiones: tolerar lo que Dios ya señaló, justificar actitudes incorrectas o enfriar la vida devocional. La santidad actúa como un cerco de protección espiritual

Cuando empiece a vivir en santidad, pude discernir un poco mejor el pecado antes de caer en él. He sido más rápido para arrepentirme, he caminado con humildad y dependencia de Dios por eso no se trataba de confiar en mi fuerza, sino en la gracia que me capacita para obedecer.

  1. La santidad prepara mi entrada al reino eterno

Pedro termina con una promesa poderosa: “os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno”. La santidad tiene una recompensa eterna. No vivimos solo para esta vida, sino con la mirada puesta en la eternidad, la santidad nos prepara para estar con Aquel que es santo. Nos moldea, nos purifica y nos alinea con los valores del cielo.

Cada acto de obediencia, aunque nadie lo vea, tiene valor eterno. por eso digo que vivir en santidad hoy es invertir en la gloria de mañana.

  1. Santidad: una respuesta de amor, no de obligación

Dios no nos llama a la santidad por imposición, sino por relación. La santidad nace del amor: “Sed santos, porque yo soy santo”. Cuando entendemos cuánto nos ama Dios, el deseo de agradarle surge de manera natural. No es una vida aburrida o limitada, sino una vida libre del dominio del pecado y llena del gozo de Dios.

Por eso Vivir en santidad es: Afirmar mi llamado y elección, Caminar firme sin caer, Prepararme para una entrada gloriosa al reino eterno. La santidad no es un destino, es un camino diario con Cristo. Caer no nos descalifica, pero levantarnos en arrepentimiento y seguir obedeciendo sí demuestra que pertenecemos a Él. Que cada día podamos decir: “Señor, elijo vivir apartado para Ti, porque Tú eres digno de mi vida.

Oración

Amado Dios, hoy vengo delante de Ti con un corazón humilde. Reconozco que Tú me has llamado y me has escogido por gracia, no por mis méritos. Ayúdame a hacer firme mi vocación y mi elección viviendo una vida que te agrade. Espíritu Santo, dame fuerzas para apartarme de todo aquello que no honra Tu nombre. Guarda mi mente, mis ojos, mis palabras y mis acciones. No quiero vivir una fe superficial, sino una relación profunda y verdadera contigo, Cuando tropiece, levántame. Cuando dude, afírmame. Cuando sea tentado, recuérdame quién soy en Cristo. Enséñame a vivir en santidad, no por obligación, sino por amor. Prepárame cada día para esa entrada gloriosa y eterna en Tu reino. Que mi vida refleje Tu santidad y Tu verdad hasta el final.

En el nombre de Jesús, amén.

Con amor, David Espitia



 


Comentarios

  1. Más blogs que edifiquen la vida de las personas, anónimo de saber que muchas cosas las sentimos pero no aceptamos.
    Vivir en santidad implica entregar mucha cosas a Dios.

    Acogerse a la dirección de Dios, sin que nosotros como hombres usemos nuestro dedo acusador.
    Amarás a Dios sobre todas las cosas y el segundo y más importante amarás a tu prójimo como a ti mismo.

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Porque estar agradecidos en el gozo del Señor?