HABLEMOS DE LO QUE HABLAS
Lo que uno habla determina la vida y la muerte; que se atengan a las consecuencias los que no miden sus palabras.
Prov. 18:21
¿Alguna vez has intentado olvidar algo que tu cónyuge, familiar o líder te dijo… y no has podido?
No porque lo sigan repitiendo.
Sino porque algo dentro de ti sigue escuchándolo.
Hay palabras que terminan la conversación, pero nunca abandonan el corazón.
Palabras dichas en un momento de enojo.
De frustración.
De cansancio.
Palabras que quizás duraron segundos en salir de nuestra boca, pero años en salir del alma de quien las recibió.
Porque las palabras tienen algo que pocas cosas tienen:
La capacidad de seguir hablando aun cuando ya no están siendo pronunciadas.
Por eso hay personas que todavía escuchan en su mente cosas que les dijeron hace años.
Y aunque la discusión terminó, la herida siguió hablando.
Por eso la restitución de las palabras es tan importante.
Porque no basta con decir:
“No era lo que quería decir.”
“Lo dije molesto.”
“Ya pasó.”
Porque para la persona que lo recibió, muchas veces no ha pasado.
La Biblia dice:
“La muerte y la vida están en poder de la lengua.”
(Proverbios 18:21)
Y si nuestras palabras tuvieron el poder de herir, también deben tener el poder de sanar.
Por eso la restitución de las palabras no consiste solamente en dejar de destruir.
Consiste en comenzar a construir.
En devolver ánimo donde sembramos desánimo.
En devolver honor donde sembramos crítica.
En devolver seguridad donde sembramos inseguridad.
Porque hay palabras que rompen un corazón.
Pero también hay palabras que, con el tiempo, pueden ayudar a restaurarlo.
La restitución de las palabras comienza cuando dejamos de usar nuestra boca para descargar nuestras heridas… y comenzamos a usarla para sanar las heridas que causamos.
ORACIÖN:
Señor, perdóname todas las palabras hirientes, destructivas, abusivas, irrespetuosas, mentirosas, calumniadoras y maldicientes que he pronunciado con mi boca en contra de otros y aun de mi mismo. Perdóname por dejar que el enemigo usara mi boca para sembrar muerte, división, desánimo y dolor. Por favor, dame sabiduría, amor y determinación para hablar solo lo correcto y callar cuando sea necesario para que mis palabras transmitan vida, esperanza y sanidad... ¡Necesito que tu hables a través de mí! Amén.
Con amor, Sebastián y Zulma Jaimes.

Amén devocional que nos lleva a reflexionar sobre lo que decimos o nos dicen muchas gracias por tan sincera reflexión Dios los bendiga. Anguscor
ResponderBorrarMuchas gracias
ResponderBorrarEs verdad aunque la discusión haya terminado las palabras siguen lastimando
Me gustó esta enseñanza
Gracias amén
Bendiciones
Gracias 😌
ResponderBorrarAmén 🙏🏽 gracias
ResponderBorrarAmén
ResponderBorrar"Las palabras no se las lleva el viento". Cada palabra destruye o edifica. Hiere o cura. Maldice o bendice.
ResponderBorrarLa mayoría de las veces ni siquiera se pretendió pronunciar una palabra mal empleada; sin embargo, la mala inclinación siempre encuentra un motivo para acusar, y la contienda surge aun cuando no exista una verdadera intención de ofender.
ResponderBorrarY ahí es donde nos herimos solitos y comenzamos a mirar al emisor con rabia.
El problema es que, como receptores, caemos en la trampa, manitos. Nos enfrascamos en una palabra insignificante, dejamos que un mal pensamiento eche raíces en la mente y, ¡tarán!, caímos en la trampa del diablo.
Entonces pensamos: “Este pingo fue el que me dijo tal cosa”, y dirigimos nuestra molestia contra el hermano, mientras el verdadero causante del conflicto pasa inadvertido.
Cuántas discusiones, enemistades y heridas podrían evitarse si antes de reaccionar examináramos nuestros pensamientos y recordáramos que no toda palabra fue dicha con la intención que nosotros le atribuimos.
A veces el problema no está en lo que se dijo, sino en cómo decidimos interpretarlo. Atte. Darío Mejía S.
Hay que empezar a
ResponderBorrarRestituir a quienes hemos ofendido, un mensaje muy profundo 🤗🙌🙌
amén!!!
ResponderBorrarAsí es 🙏🙏
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