CUÍDATE DE LA ENVIDIA
“El corazón apacible
es vida de la carne; Mas la envidia es carcoma de los huesos.”
PROVERBIOS 14:30
A lo largo de la Biblia podemos reconocer muchos ejemplos de
envidia que han terminado en desastre. Ejemplos como Caín y Abel, de Saúl y
David, o incluso el de los fariseos con Jesús, entre otros. Estas historias nos
muestran una gran verdad: la envidia puede destruir el corazón.
La Biblia define la envidia como un dolor o resentimiento
ante el éxito, las posesiones o las ventajas de los demás. Más que un simple
deseo de poseer algo, implica un desagrado por el bienestar ajeno,
considerándolo una "obra de la carne" que destruye la paz espiritual.
Caín y Abel eran dos hermanos que se dedicaban,
respectivamente, a cultivar la tierra y a pastorear. Sin embargo, las ofrendas
de Abel eran mejor recibidas por el Señor, ya que él siempre apartaba lo mejor
para el Señor. El espíritu de la envidia invadió el corazón de Caín y lo llevó
a asesinar a su propio hermano.
Saúl era el rey de Israel, el ungido del Señor, quien se
desvió de Sus caminos. David, por su parte, era un pastor que tocaba música
para calmar al rey. David fue uno de los guerreros más fieles de Saúl; era leal
a su casa y lo amaba de corazón. Pero Saúl tuvo miedo y, al darse cuenta de que
David había sido ungido como rey, permitió que el espíritu de la envidia se
apoderara de él. A partir de entonces, Saúl persiguió a David sin descanso para
matarlo, y él mismo terminó muriendo a manos de su escudero en una batalla
contra los filisteos.
Los fariseos eran sacerdotes del templo en la antigüedad,
pero su visión había sido nublada. Estaban enceguecidos por la envidia hacia
Jesús, un hombre sencillo de una pequeña aldea llamada Nazaret, pero que tenía
el poder de movilizar a multitudes para escuchar Sus enseñanzas. A causa del
espíritu de la envidia que había sobre ellos, terminaron sacrificando a su
propio Salvador.
Estos ejemplos nos permiten ver con claridad que la envidia
conduce al desastre y trae dolor y desdicha. Por eso, el Señor nos llama a
reconocer la presencia del espíritu de envidia en nuestro corazón y a iniciar
una batalla a Su lado en contra de este espíritu.
1. El primer paso es reconocer que
tenemos envidia, porque así el nombre de Cristo, que tiene poder, podrá sanar nuestra
alma. Te animo, hermano en Cristo, porque no será sencillo; pero recuerda que
no es en tus fuerzas, sino en las de Jesús.
2. Es dejar que Cristo tome la
totalidad del gobierno de tu corazón
3. Permitir que el amor de Dios llene tu
corazón, para que cada vacío sea lleno de Él.
4. Entregar, soltar y rendir ante
nuestro Señor ese sentimiento que destruye tu vida.
5. Poner tu mirada en las cosas de
arriba (la eternidad) para el cambio de tu perspectiva de la vida!
6. ¡Descansar en Cristo, confiando en
que él sanará tu alma y reparará tu capacidad de volver a soñar!
Oración
Amado Señor te pido que me ayudes a tener cada día tu
corazón, a dejar que tu amor cubra todo lo que me falta en mi vida y a ser
lleno de tu paz ¡que sobrepasa cualquier entendimiento! Amén.
Con cariño Rossemarie
Rizzo Martínez
Pastora MCI Bogotá Usaquén

El punto ma importante de esta reflexión es q recordemos paea donde vamos q nuestra meta es el cielo
ResponderBorrarAmén 🙏 Ps solo que Dios llene nuestros corazones de amor y paz para dar a otros y cubrirnos de su sangre 🩸 que en ella hay poder .
ResponderBorrar