¡QUE NO SE HAGA MI VOLUNTAD SINO LA TUYA!

Jesús nos muestra cómo enfrentar la adversidad, pues en los momentos más vulnerables de su vida enfrentó literalmente su propia muerte, la desesperación, el miedo y la angustia. Su reacción fue apartarse de sus discípulos, tomar distancia de todo lo que lo rodeaba y arrodillarse a orar. No hubo discursos, no hubo palabras adecuadas; hubo un corazón abierto y vulnerable, que dejó salir lo que sentía. Imagina su miedo, su tristeza, la carga que llevaba sobre los hombros, y aun así, decidió detenerse y buscar a su Abba, a su Padre, su papito Dios.

En su oración, no escondió lo que sentía. Dijo lo que deseaba, lo que le pensaba, lo que lo aterraba: 

“Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo” 

Lucas 22:42, NVI

Hay un clamor que es humano, un deseo natural de evitar el dolor, pero al mismo tiempo, hay aceptación: 

“Pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya” 

Lucas 22:42, NVI

Esa frase nos enseña que la oración no es solo pedir, sino también confiar, incluso cuando lo que necesitamos entender nos supera por completo. 

Jesús nos recuerda que podemos ser honestos con Dios, sin fingir fortaleza. 

La respuesta de Dios no tarda: 

“Se apareció un ángel del cielo para fortalecerlo.” 

Lucas 22:43, NVI

El miedo que sintió Jesús fue el miedo a una muerte inminente, pero vemos que Dios no le quitó del dolor, ni de la prueba, sino que le dio fuerza para continuar. 

Esto nos muestra que, en medio de nuestros momentos de angustia, Dios siempre está presente, muchas veces en formas silenciosas, pequeñas, que nos sostienen para seguir adelante. 

Y aunque el miedo y la desesperación persistan, podemos aprender a apoyarnos en Él, confiando en que no estamos solos. 

Todos enfrentamos momentos que nos sobrepasan: una noticia que no esperábamos, la muerte de un ser querido, un diagnóstico médico, problemas en el trabajo, una relación rota, la ansiedad que no nos deja dormir, o incluso la sensación de estar sobrepasados por la rutina diaria. 

Son esos momentos en los que podemos detenernos y arrodillarnos, física o interiormente, ante Dios. 

Abrir ese espacio, para clamar por ayuda. 

Jesús nos da un modelo que podemos seguir: apartarnos, ser honestos con Dios sobre lo que sentimos, pedir lo que necesitamos, entregarnos a su voluntad y recibir su fortaleza. Esta oración no solo transforma el momento de crisis; también nos transforma a nosotros, enseñándonos a confiar, a abrir nuestro corazón y a encontrar fuerza donde creíamos no tenerla. 

Que esta historia te recuerde que no tienes que esperar a sentirte vencido por el miedo. La próxima vez que te sientas así, detén lo que estés haciendo, aparta un momento y acércate a Dios con todo tu corazón, tal como Jesús lo hizo en el huerto de Getsemaní, permitiendo que Su fortaleza transforme tu angustia en paz.

Oración : 

Amado Señor, ayúdame a ser fortalecido por tu eterno amor y que pueda estar en el centro de tu voluntad y no más la mía. Dame tu gracia para no rendirme en medio del dolor, de la prueba o de mi debilidad ! En Cristo Jesús, amén. 

Inspirado en "Oraciones que Inspiran" 

Con cariño, Rossemarie Rizzo Martínez.

Pastora MCI Bogotá



Comentarios

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Porque estar agradecidos en el gozo del Señor?