SOLO EQUIPAJE DE MANO


 “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón.”

OSEAS 2:14 (RVR1960)

El secreto con Dios

Más allá de estar a solas, el secreto con Dios es entrar en una dimensión donde nadie más observa, excepto el Creador. Es un refugio en el que, muchas veces, Dios se hace más cercano y evidente para quienes deciden buscarlo.

En la Biblia vemos que Jesús entiende perfectamente lo que significa la soledad. Él también la vivió. Sintió una profunda angustia en el huerto de Getsemaní, pocas horas antes de su muerte (Mateo 26:38). También experimentó la soledad en la cruz, cargando un castigo que no merecía (Mateo 27:46). Su dolor fue mucho más grande que el nuestro, pero precisamente porque lo vivió, hoy puede comprender cada una de nuestras luchas.

Jesús, siendo Dios hecho carne, conoció el rechazo, la soledad y la angustia; los mismos sentimientos que muchas veces tú y yo experimentamos cuando llevamos el peso de la soledad en nuestro equipaje.

Una vida en solitario puede sentirse muy pesada. Cuando caminamos solos, parece que no hay nadie a quien decirle: "Me siento cansado" o "Estoy preocupado". Tampoco hay con quién compartir las alegrías o celebrar los logros.

Querido lector:

Hoy quiero invitarte a mirar la soledad con otros ojos, porque quizás nos estamos perdiendo algo hermoso al no comprender el propósito que Dios tiene en ella.

¿Te ha pasado que puedes estar rodeado de muchas personas y, aun así, sentirte completamente solo? A mí me pasó.

¿Por qué? Porque la soledad no siempre es la ausencia de personas; muchas veces es la ausencia de intimidad.

Mis heridas, mis temores y mis resentimientos me impedían conectar verdaderamente con quienes estaban a mi alrededor.

Pero fue al sumergirme en la intimidad con mi Señor que comprendí que, en ciertas temporadas de nuestra vida, la soledad es necesaria. En los tiempos de desierto, Dios atrae nuestro corazón para hablarnos (Oseas 2:14).

Él ya venía hablándome desde hacía mucho tiempo, pero yo estaba rodeada de tanto ruido que no podía escuchar su voz. Fue en el desierto donde entendí que la soledad no era una carga, sino un regalo de Dios para aprender a relacionarme con Él de una manera más profunda.

Y después de ese desierto ocurrió algo maravilloso. Comencé a sanar. Empecé a trabajar en mi corazón y a permitir que Dios restaurara áreas que llevaban mucho tiempo heridas.

Entonces, mi Papito Dios empezó a rodearme de personas con quienes realmente podía abrir mi corazón, personas con las que podía construir relaciones sinceras y profundas.

Fue allí donde el peso de la soledad desapareció. Comprendí que no necesito tener cientos de amigos para sentirme plena. Solo necesitaba una relación íntima y genuina con Dios, aprender a estar bien conmigo misma y caminar junto a esas pocas personas que hoy son mi red de apoyo.

Hoy disfruto la compañía de los demás con la misma tranquilidad con la que disfruto estar sola en casa.

Si la vida se ha vuelto pesada para ti, saca de tu equipaje el peso de la soledad.

Abraza esta temporada. Tal vez Dios te ha llevado al desierto porque desea hablar directamente a tu corazón.

Hazlo, y te aseguro que tu camino será mucho más ligero.

Con cariño,

Rossemarie Rizzo Martínez
Pastora MCI Bogotá



Comentarios

  1. Un camino también es el desierto. Para conocer la sabiduría de Dios.
    Y entender su presencia que es inigualable.

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