DIOS DE MISERICORDIA


“Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia. Cuando estaba en angustia, tú me hiciste ensanchar; ten misericordia de mí, y oye mi oración.”

SALMOS 4:1

En la angustia me has aliviado

Cuando estamos experimentando un profundo dolor, una de las cosas que más deseamos es encontrar algún tipo de alivio, un momento en el que podamos dejar de sentir que nos estamos rompiendo en pedazos.

David se encontraba en medio de la angustia, y el primer versículo de este Salmo dice: «Cuando clamo, respóndeme, oh Dios de mi justicia. En la angustia me has aliviado; ten piedad de mí, escucha mi oración» (NBLA). En medio de su aflicción, David abre su corazón y clama delante del Señor.

El sentir de estos versículos nos deja ver dónde estaba puesta la confianza y seguridad de David, porque él sabía a dónde ir en medio de su angustia. Se acerca al Señor y le pide que le responda, que le haga justicia, que lo alivie y que le extienda Su gracia. Clama al Señor por aquello que sabe que no merece, pero tiene la confianza de acercarse con total sinceridad y pedirle al Único que puede darle lo que necesita.

Y hay algo más aquí: David se acerca y pide porque sabe que Dios ya lo ha hecho antes. Él ya ha experimentado el alivio que viene de Dios, ya ha visto que Dios responde. David sabe que puede acercarse a Dios con absoluta sinceridad.

Tengo una pregunta para ti: ¿a dónde vas en medio de tu angustia?

A veces buscamos alivio en nosotros mismos, quizás tratando de controlar la situación. Otras veces ponemos nuestros ojos en lo grande de nuestra aflicción y olvidamos al Dios que puede aliviarnos.

Al igual que David, tú y yo podemos acercarnos al Señor con un corazón sincero y clamar por respuesta, clamar por alivio, clamar por justicia y clamar por Su gracia. En medio de la angustia, somos propensos a olvidar las formas en las que Dios ha obrado en el pasado, y podemos llegar a pensar que Su misericordia y Su gracia se han agotado para nosotros.

Pero Él es el Dios cuyas misericordias son nuevas cada mañana:

“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.”

LAMENTACIONES 3:22-23 — RVR1960

Él es el Dios que no cambia y, por lo tanto, Su fidelidad hacia nosotros sigue y seguirá siendo la misma.

Ahora bien, corremos el peligro de pensar que el alivio de parte de Dios llegará a nuestras vidas por medio de la provisión de aquello que deseamos. Ciertamente, podemos clamar a Dios, exponer nuestro deseo y ser conscientes de que Él puede hacer cuanto quiera. Pero este Salmo nos muestra que el verdadero alivio en medio de la angustia no está en lo material, sino en la presencia misma de Dios en medio de nosotros.

En el Salmo 4:7, David dice:

«Alegría pusiste en mi corazón, mayor que la de ellos cuando abundan su grano y su vino nuevo».

La presencia de Dios es todo lo que necesitamos, y es mucho mejor que cualquier otra cosa que podamos anhelar e incluso recibir. Su presencia trae alegría aun en medio de nuestra mayor angustia, una alegría mayor que aquella que puede darnos lo material.

Para quienes estamos en Jesús, Su presencia nos ha sido garantizada. Él prometió que estaría con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28:20), y esa promesa incluye cualquier circunstancia que podamos atravesar.

De hecho, no es solo que Él está con nosotros, sino que ha enviado a Su Espíritu, el Consolador, para que habite en nosotros.

No importa lo que pase a nuestro alrededor ni cuántos obren en nuestra contra, porque sabemos que, por el Señor y Su obra a nuestro favor, podemos dormir y levantarnos en paz, porque Él nos sostiene.

En medio de la angustia, nuestra paz y seguridad vienen de un Salvador que nos aseguró:

«Yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de Mi mano».

JUAN 10:28

Reflexionemos en esto

  1. ¿Hay algo que te impida acercarte a Dios con completa sinceridad? ¿Qué crees que sea?
  2. ¿De qué manera has visto a Dios obrar en tu vida en situaciones de angustia en el pasado?
  3. ¿Hay algo que crees que, si Dios te lo concede, te dará alegría y paz? ¿Qué te enseñó el Salmo 4 respecto a esto?
  4. ¿De qué manera la realidad de que nadie puede arrebatarte de la mano de Jesús trae alivio a tu corazón?

Ora

Usa los siguientes versículos como guía para levantar tu corazón en lamento y oración al Señor:

Acércate a Dios

«Cuando clamo, respóndeme, oh Dios de mi justicia...» (v. 1).

Presenta tu sentir

«...En la angustia me has aliviado...» (v. 1).

Pide

«...Ten piedad de mí, escucha mi oración» (v. 1).

Decide confiar

«En paz me acostaré y así también dormiré, porque solo Tú, Señor, me haces vivir seguro» (v. 8).

Tomado del devocionario “Caminando en el valle de sombra”.


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