EN MANOS DEL ALFARERO
“¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano”.
1. El barro en las manos correctas
El barro, por sí solo, es tierra sin forma, blanda y sin aparente valor. Sin embargo, cuando se coloca en las manos de un artesano experto, adquiere un propósito.
Tú no eres un accidente ni el resultado del azar. Tu vida está en las manos del Creador del universo, quien ve en ti una obra de arte, incluso cuando te sientes roto, perdido o sin rumbo.
2. El proceso de la rueda
Para dar forma al barro, el alfarero utiliza una rueda que gira constantemente. En nuestra vida, esa rueda puede representar el tiempo, las circunstancias y las pruebas que enfrentamos diariamente.
A veces, las vueltas de la vida pueden causarnos mareo, confusión o incluso hacernos sentir que hemos perdido el control. Pero cada giro puede ser parte de un proceso que Dios utiliza para formar nuestro carácter, trabajar nuestras debilidades y moldearnos conforme a Su voluntad.
3. La gracia de volver a empezar
El pasaje de Jeremías relata que la vasija que el alfarero hacía se echó a perder en su mano. Sin embargo, el alfarero no la desechó; volvió a trabajarla y la hizo nuevamente, hasta terminar su obra.
¡Qué hermoso es saber que Dios también nos da la gracia de volver a empezar!
Querido lector:
En esta enseñanza de la Palabra de Dios podemos ver el amor del Artesano que decide no desechar la obra de Sus manos. En lugar de tirar el barro que se ha arruinado, vuelve a trabajar en él hasta crear una vasija nueva y hermosa.
En ocasiones, podemos pensar que hemos fallado o sentir que nuestra vida se ha desmoronado a causa de un dolor interno. Es precisamente allí donde debemos recordar que Dios nunca nos desecha. Él es nuestro Gran Alfarero; toma nuestros pedazos rotos y nos reconstruye con amor. ¡Esto también es parte del proceso!
En mi caso personal, la experiencia de vida me ha hecho comprender que muchas veces somos así con Dios. Podemos pensar que tenemos el control, pero de repente ocurre algo inesperado que hace tambalear nuestro carácter, nuestras inseguridades y hasta esos nudos que dejaron nuestros errores del pasado.
Entonces queremos huir del proceso y no logramos ver lo necesario que es permitir que Dios nos modele a Su manera. Queremos alcanzar la madurez y ver las promesas cumplidas de inmediato, sin pasar por el taller del Alfarero.
Muchas veces evaluamos nuestra vida basándonos únicamente en nuestra condición actual. Pero Dios no trabaja desde nuestra perspectiva limitada e impaciente.
El apóstol Pablo nos recuerda que Aquel que comenzó la buena obra en nosotros la perfeccionará.
Dios no te define únicamente por lo que eres hoy, en tu estado actual. Él conoce el propósito para el cual te creó y ve en ti la obra que está formando.
El gran error es querer medir el valor de una vasija durante las primeras etapas de su creación. La confianza no nace de ver un resultado inmediato, sino de conocer la fidelidad y la capacidad del Artesano.
Si estás en Sus manos, estás seguro.
No te desesperes por el proceso ni intentes acelerarlo. Déjate sostener por Aquel que ya conoce exactamente la hermosa obra en la que se convertirá tu vida.
Aplicación personal
- Cuando miras tus propios defectos y debilidades, ¿tiendes a desanimarte y a dudar de que Dios pueda transformarte?
- ¿Qué significa para ti hoy descansar en la verdad de que Dios tiene una visión clara de tu vida, incluso cuando tú solo ves barro en las manos del Alfarero?
Oración
Amado Señor, Maestro y Alfarero:
Te pido perdón por mi impaciencia y por dudar de Tu capacidad para restaurar mi vida.
Gracias porque, cuando yo solo veo mis errores y mis grietas, Tú ya ves la obra que estás formando en mí. Hoy decido confiar en Tu visión y rendirme en Tus manos creativas, sabiendo que Tú sabes perfectamente lo que haces conmigo.
Te pido que me ayudes durante este proceso y que pueda ver cada día Tu obra en mi vida. Enséñame a confiar en Ti, aun cuando no comprenda lo que estás haciendo.
En el nombre de Jesús, amén.
Con cariño,
Rossemarie Rizzo Martínez
Pastora MCI Bogotá

Amen
ResponderBorrarAl taller del maestro vengo
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