SEÑOR, ¡ESCÚCHAME!
“A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí, para que no sea yo, dejándome tú, semejante a los que descienden al sepulcro. Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, cuando alzo mis manos hacia tu santo templo. No me arrebates juntamente con los malos, y con los que hacen iniquidad, los cuales hablan paz con sus prójimos, pero la maldad está en su corazón. Dales conforme a su obra, y conforme a la perversidad de sus hechos; dales su merecido conforme a la obra de sus manos. Por cuanto no atendieron a los hechos de Jehová, ni a la obra de sus manos, él los derribará, y no los edificará.
Bendito sea Jehová, que oyó la voz de mis ruegos. Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado. Por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré. Jehová es la fortaleza de su pueblo, y el refugio salvador de su ungido. Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad; y pastoréales y susténtales para siempre.”
Salmos 28:1-9, RVR1960
Querido lector:
¿Alguna vez has sentido que Dios no está escuchando tu oración?
No sé si alguna vez has sentido que, aun en medio de las lágrimas, con el corazón rendido ante Él y sin nadie más a quien acudir, puede surgir el pensamiento de que quizás Dios no está escuchando.
Y este pensamiento no surge porque Él no pueda escucharte; lo que más duele es pensar que, quizás, no quiere hacerlo.
¿Sabes? En muchas ocasiones me he sentido así. Y si tú también te has sentido de esa manera, quiero decirte algo: no estás solo.
La Biblia nos habla del rey David, quien, de manera similar, también atravesó momentos de duda. En medio de la aflicción que estaba viviendo, las primeras líneas de este salmo dejan ver el clamor de su corazón. David le ruega a Dios que lo escuche y que no lo trate como a aquellos que no tienen en cuenta los hechos del Señor; como aquellos que con sus labios proclaman paz, pero tienen maldad en su corazón (vv. 3-5).
El mayor temor de David era pensar que ya no era importante para Dios y que terminaría siendo tratado como uno de los malvados.
Porque existe una realidad que no podemos perder de vista: tener la certeza de que Dios nos escucha y de que le importamos marca la diferencia frente a cualquier circunstancia que estemos enfrentando.
Porque sí, tú y yo le importamos a Dios.
En medio de las dificultades que muchas veces nos ahogan, podemos enfrentar la tentación de pensar que Dios ha dejado de interesarse por nosotros y que, por eso, ha decidido ignorarnos, mientras sentimos que nos trata como si ya no le perteneciéramos. Pero ese pensamiento es completamente contrario al corazón mismo de Dios.
Él escucha el clamor de su pueblo. Él es el Dios de toda compasión y es quien extiende su misericordia sobre los suyos cada mañana.
Recuerda: Él es nuestra roca, nuestro refugio, nuestra fuerza y nuestra defensa. No existe circunstancia alguna que pueda hacer que dejemos de importarle. No hay tempestad tan fuerte que pueda lograr que Dios nos ignore, porque Él es el Dios que ha hecho un compromiso de fidelidad consigo mismo hacia nosotros.
Dios jamás nos ignora; Él siempre nos escucha.
Es muy importante aprender del rey David, quien no tuvo miedo de expresar con honestidad sus sentimientos delante de Dios. A pesar de sus dudas, decidió creer y confiar en Él (v. 7).
Si piensas o sientes que no le importas a Dios, hoy te invito a que te animes en tu fe y decidas creer, porque es imposible que dejes de importarle a Aquel que pagó el precio de toda su sangre por ti.
En fe, decide creer que no hay aflicción que pueda separarte de Él.
En fe, decide correr hacia Aquel que es tu defensa y tu salvación.
Ora como David: comienza este salmo con un clamor al Señor y termínalo con una expresión de adoración, poniendo toda tu confianza en Él.
Pero hay algo más que no debemos perder de vista al final de este escrito:
“Salva a tu pueblo y bendice a tu heredad; pastoréalos y llévalos en tus brazos para siempre.”
Salmos 28:9, NBLA
Las últimas palabras de David nos apuntan al Buen Pastor, quien dio su vida por sus ovejas y jamás perderá a ninguna de ellas. Aquel que verdaderamente nos pastorea y nos lleva en sus brazos para siempre.
Aplicación personal
- ¿Alguna vez creíste que Dios había decidido no escucharte? ¿Qué te llevó a pensar eso?
- ¿Qué verdades crees que te serviría recordar en momentos en los que sientas que Dios te ignora?
- ¿Qué papel crees que juega la fe en la situación en la que te encuentras hoy?
- ¿Qué evidencias de la fidelidad de Dios puedes ver en tu vida que te recuerden que Él no te ha olvidado?
Oración
Usa los versículos de este salmo como guía para levantar tu corazón en lamento y oración delante del Señor.
Amado Señor, a ti clamaré, porque eres mi roca. No te desentiendas de mí. Ayúdame, Señor, en medio de mi aflicción. No me juzgues como a los impíos; escucha mi oración y atiende mi ruego. Dame la fuerza para enfrentar cada batalla. Permíteme ser luz, aun en medio de las tinieblas.
Amén.
Con cariño,
Rossemarie Rizzo Martínez
Pastora MCI Bogotá

Amen gracias Pastora
ResponderBorrarCuando uno NO tiene fruto o resultados en alguna área cuando uno se determina hacer algo y el final no se logro llega la autoevaluación será que si estoy haciendo las cosas bien ??? Pero entiendo que su misericordia esta a mi lado y lo vuelvo a intentar con su ayuda
ResponderBorrarSolo cuando decidimos creer que el Señor escucha y está al tanto de todo podemos confirmar de verdad
ResponderBorrarZulma C
Gracias Pastora
ResponderBorrarGracias por tus enseñanzas que renueva mi diario de oración.
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