¡TU MILAGRO CAMINA CONTIGO!

“Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen.”

San Lucas 24:13-16 — RVR1960

Esta enseñanza nos describe a dos hombres que iban de regreso a su aldea, a pesar de su falta de fe y de la desesperanza que había en sus corazones. Sin embargo, Jesús estaba con ellos en medio de toda aquella situación.

Querido lector:

¿Sabes qué es lo mejor de esta historia?

Que el milagro caminaba con ellos y no se habían dado cuenta, porque estaban demasiado ocupados lamentándose por los acontecimientos y por el tiempo transcurrido.

El dolor coloca un velo sobre nuestros ojos y no nos permite ver que Jesús está a nuestro lado, sosteniendo nuestros brazos y acompañándonos en medio de cada circunstancia.

Pero Jesús les abrió los ojos al compartir el pan y luego desapareció. Esto nos enseña que, cuando pasamos tiempo en comunión con Jesús cada día de nuestra vida, podemos experimentar diariamente el milagro de su redención y la llenura de su eterno amor.

Es clave preguntarnos:

¿Qué significó ese momento para estos hombres?

Pudieron, al fin, salir de su propio duelo y ver el milagro hacerse realidad frente a sus ojos. Ahora sí pudieron reconocer que sus corazones ardían mientras hablaban con Jesús.

Una vez que comprendieron esto, regresaron a Jerusalén; sí, regresaron a reunirse con los demás y a esperar la promesa del Espíritu Santo.

Es importante que puedas meditar acerca de esto: ¿Ha estado ardiendo tu corazón durante todo este tiempo?

Es necesario que nos sentemos a descansar y a hablar con Jesús, para darnos cuenta de que, quizás, el milagro ya está hecho, pero no hemos podido verlo porque hemos estado demasiado ocupados lamentándonos por la tristeza que llevamos en nuestro interior.

Hoy te invito a tomar la decisión de volver a Jerusalén; es decir, volver a creer, para que podamos recibir la promesa y ver la manifestación de Dios en cada una de nuestras vidas.

A Jesús le interesan nuestros corazones más que cualquier otra cosa en esta tierra. Por eso, los milagros primero suceden allí, para que luego podamos disfrutarlos en lo exterior.

Estos hombres no pudieron ver la promesa cumplirse hasta que permitieron que Jesús trabajara en sus corazones.

Oración

Amado Señor, te pido que me permitas ver el milagro que Tú me has prometido en mi vida personal, en mi familia y en mi nación.

Quita mis ojos del dolor y de aquello que he perdido, y ayúdame a dejar de enfocarme únicamente en las situaciones difíciles. Permíteme ver lo que tienes preparado para mi vida.

En Cristo Jesús. Amén.

Con cariño,
Rossemarie Rizzo Martínez
Pastora MCI Bogotá



Comentarios

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Porque estar agradecidos en el gozo del Señor?