“Que Dios mismo, el Dios de paz, los santifique por completo y conserve todo su ser —espíritu, alma y cuerpo— irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo.”1 Tesalonicenses 5:23 NVI
Querido lector:
Hoy es un día para sanar tus heridas. Para hacerlo, es necesario reconocer que tú no eres solo un cuerpo.
No eres solo un espíritu.
Eres un ser tripartito: espíritu, alma y cuerpo. Cada uno forma parte de quien eres.
Si quieres, podemos pensarlo de esta manera: si alguien solo pudiera utilizar dos terceras partes de su cuerpo físico, lo consideraríamos una discapacidad y buscaríamos ayuda de inmediato. Entonces, ¿por qué hemos tratado el descuido del alma de una manera diferente?
Recordemos:
- Tu espíritu es donde te conectas con Dios.
- Tu cuerpo es la casa en la que vives.
- Tu alma es tu mente, tu voluntad y tus emociones. Es la parte de ti que recuerda, la que sintió y, muchas veces, la que todavía sigue cargando aquello que viviste.
En el desarrollo de una vida ministerial podemos aprender que la razón por la que algunas personas no pueden recibir perdón, aceptar la invitación de Dios, servir en Su casa, amar o cuidar a otros no siempre es rebeldía o desconocimiento de la verdad de la Palabra de Dios.
En muchas ocasiones, la raíz puede encontrarse en un trauma.
La palabra “trauma” está relacionada con el término griego que significa “herida”, la misma raíz que encontramos en el lenguaje médico cuando una persona llega a un hospital con una lesión grave.
En una sala de emergencias, los médicos no ignoran una herida simplemente porque el paciente todavía puede caminar. Es necesario tratarla y atenderla, porque una herida sin tratar no permanece igual: puede empeorar con el paso del tiempo.
En nuestro mundo mental y emocional, el trauma puede convertirse en un pensamiento persistente y debilitante; uno que sigue repitiéndose, que continúa moldeándonos y que puede llegar a limitarnos.
Puede que le hayas entregado tu vida a Jesús el año pasado o hace veinte años y, aun así, existan áreas de tu vida en las que Jesús todavía no ha podido entrar y sanar.
Y esto puede suceder porque no le permites el acceso completo a tu corazón. Tal vez todavía duele y no estás seguro de lo que pasará si entregas ese dolor en las manos de Jesús.
Mira esta promesa:
Isaías 61:1 nos recuerda que Jesús no vino solamente a salvar nuestro espíritu. Vino también a vendar a los quebrantados de corazón.
La palabra hebrea relacionada con “quebrantado” es shabar, que transmite la idea de algo destrozado, como una vasija que ha sido rota violentamente en pedazos.
Ese no es un lenguaje suave. Es Dios reconociendo que algunas cosas que hemos vivido fueron realmente devastadoras. Y Él vino específicamente para sanar también esas heridas.
Lo sé porque yo misma lo he vivido durante los últimos años.
Cuando pierdes a una persona que amas, a tu compañero de vida, literalmente sientes que tu mundo se desmorona, que todo se viene abajo. Y en medio de ese dolor, el enemigo puede intentar llevarte a vivir en un mundo de ansiedad, depresión y trauma.
Y aunque el enemigo de Dios, el diablo, quiera hacerte pensar que Dios te ha abandonado, eso NO es verdad.
Es todo lo contrario.
Dios quiere sanar todas tus heridas, incluso aquellas más profundas que habitan en tu corazón.
El Salmo 147:3 nos dice:
“Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.”
Ambos son verbos activos. Dios no es pasivo frente a tu dolor. No está esperando a que te recompongas para comenzar a actuar. Él se está acercando a tu herida ahora mismo, esperando que dejes de esconderla.
No tienes que actuar como si estuvieras sano.
No tienes que fingir.
Solo tienes que estar dispuesto a llamar a la herida por su nombre.
Porque esta es la verdad:
Dios no puede sanar aquello que nos negamos a revelar.
APLICACIÓN PERSONAL
- ¿Cuál es la herida que has estado cargando y que todavía no has podido nombrar por completo?
- ¿Hay algún área de tu vida —servir, recibir amor, confiar en otros o seguir a Dios plenamente— en la que te sientes estancado o paralizado? ¿Podría el trauma estar conectado con eso?
- ¿Has estado tratando de avanzar en tus propias fuerzas mientras esa herida sigue sin ser tratada? ¿Cómo sería si hoy decidieras permitirle a Dios entrar en la totalidad de tu corazón?
No tienes que tener todas las respuestas hoy.
Pero nómbrala.
Escríbela si lo necesitas.
El camino hacia la sanidad siempre comienza con la honestidad.
ORACIÓN
Amado Señor:
Hoy vengo delante de Ti para decirte que hay partes de mi corazón que están heridas, partes que he escondido, incluso de mí mismo.
He estado avanzando, pero no siempre he sanado por completo. He estado sirviendo, pero a veces lo he hecho desde un lugar quebrantado.
Hoy te pido que hagas lo que solo Tú puedes hacer: encuéntrame en la parte más profunda de mi alma.
No solo en mi espíritu.
No solo en mi cuerpo.
Sino también en ese lugar donde pienso, donde siento y donde recuerdo.
Entra a esa área de mi vida, Señor. Hoy estoy abriendo la puerta.
Santifícame por completo: espíritu, alma y cuerpo.
Permíteme experimentar más de Tu Palabra, de Tu verdad y de Tu amor.
Sana aquello que todavía duele. Restaura aquello que se rompió y ayúdame a confiar en que, aun en medio de mi proceso, Tú nunca me has abandonado.
Hoy pongo mis heridas en Tus manos.
Amén.
Con cariño,
Rossemarie Rizzo Martínez
Pastora — MCI Bogotá
Shalom
ResponderBorrarReal..cuando estan esos momentos dificiles pensamos que es fe ocultar la herida ,no es sabio . es el comienzo de una infeccion espiritual ..destapemosla y apliquemos el antiseptico .la sangre de jesus
ResponderBorrarDios te siga usando pastora me llegó al alma está palabra
ResponderBorrarAunque llevamos muchos años con Dios ,hay heridas q nos cuestan dejar q Dios nos sane x completo ,hoy es el día para q El Espíritu Santo sane lo más profundo de mi corazón,gracias x este mensaje Pastora.
ResponderBorrarTodas las heridas tienen caducidad solo tenemos que ir a la fuente correcta no dejemos que las heridas, dañen nuestros sueños gracias pastora
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