Te hago esta pregunta porque durante muchos años intenté hacerlo de diversas maneras. Antes de conocer a Cristo, buscaba llenar lo que había dentro de mí con alcohol, mujeres, amistades tóxicas, juego y otros vicios. Buscaba una presunta paz, felicidad o satisfacción, pero al poco tiempo todo pasaba y el vacío seguía ahí.
Entonces volvía a buscar otra cosa, y otra más... Hasta que aquello que comenzó como un escape terminó convirtiéndose en una forma de esclavitud. Hoy entiendo que estaba intentando llenar con cosas terrenales lo que solo Dios podía llenar.
Cuando conocí a Jesús, algo comenzó a cambiar en mi vida. No fue simplemente dejar algunas cosas malas y empezar a hacer cosas buenas; fue comprender que necesitaba entregar mi vida y permitir que el Espíritu Santo obrara en mí.
Por eso, Efesios 5:18 tiene hoy un significado muy especial para mí. Pablo está hablando directamente de la embriaguez, pero el principio nos lleva a una pregunta más amplia: ¿qué está gobernando mi vida? Porque aquello que controla nuestras decisiones, deseos y conducta puede terminar convirtiéndose en una esclavitud.
Y no necesariamente tiene que ser el alcohol: puede ser el juego, una relación, el dinero, la necesidad de aceptación, una amistad, el sexo o un vicio que nadie conoce. Puede ser cualquier cosa que, poco a poco, vaya ocupando el lugar que solo le corresponde a Dios.
Pablo nos presenta otra manera de vivir: «Sean llenos del Espíritu Santo». Y esto es importante: no se trata de fabricar una experiencia espiritual ni de pensar que con nuestras propias fuerzas podemos producir la llenura del Espíritu. Se trata de ceder, recibir y permitir que Dios obre en nosotros.
Cuando el Espíritu Santo comienza a gobernar nuestra vida, todo cambia: lo que antes parecía tan atractivo empieza a perder fuerza; aquello que nos daba una falsa sensación de felicidad ya no nos llena de la misma manera. Comenzamos a entender que no necesitábamos tantas cosas para sentirnos completos, porque nuestra verdadera necesidad era Dios.
Hace aproximadamente siete años que conozco al Señor y no voy a decirte que todo ha sido perfecto. He tropezado, he cometido errores y he tenido luchas; pero hay algo que cambió: ya no quiero quedarme en el lugar donde caí.
Cuando fallo, el Espíritu Santo me confronta. Cuando peco, me lleva al arrepentimiento. Cuando me alejo, me recuerda que debo volver. Entonces me corresponde humillarme delante del Señor, pedir perdón, clamar por su misericordia y volver a caminar de su mano. Eso también es parte de la obra del Espíritu Santo en nosotros.
Ser lleno del Espíritu Santo no significa ser perfecto; significa seguir permitiendo que Dios transforme nuestra vida. No significa que nunca vamos a tropezar; significa que ya no queremos vivir de la misma manera.
Pablo no deja esta frase aislada. Después de decir «sean llenos del Espíritu Santo», habla de una vida que comienza a reflejar esa llenura: adoración, gratitud y una nueva manera de relacionarnos con los demás. La llenura del Espíritu no se queda solamente en lo que sentimos dentro de una iglesia; se refleja en la manera en que hablamos, pensamos, decidimos y tratamos a las personas.
Por eso, estar llenos del Espíritu Santo tampoco significa que dejamos de tener luchas, sino que ya no queremos ser gobernados por ellas. Cuando el Espíritu Santo ocupa el primer lugar, empezamos a buscar agradar a Dios más que alimentar aquello que antes nos dominaba.
Querido lector, tal vez tú también estás tratando de llenar un vacío. Tal vez nadie sabe lo que estás viviendo; tal vez estás buscando en personas, vicios, placeres o dinero algo que te haga sentir completo. Hoy quiero preguntarte nuevamente: ¿qué está gobernando tu vida? Tal vez hoy no necesitas otra distracción. Tal vez necesitas detenerte y permitir que el Espíritu Santo haga en ti lo que tú solo no has podido hacer.
No se trata solamente de dejar un vicio; se trata de dejar que Cristo ocupe el lugar que durante mucho tiempo ocuparon otras cosas. No se trata solo de quitar, se trata de ser llenos. Y cuando comenzamos a ser llenos del Espíritu Santo, entendemos que no necesitamos seguir buscando afuera lo que Dios quiere hacer dentro de nosotros.
Oración:
Señor, hoy nos acercamos a Ti en humildad. Te pedimos perdón si te hemos contristado y ofendido. En tu infinita misericordia, llénanos de tu Espíritu Santo y echa fuera todo lo que pueda estar ocupando tu lugar. Amado Espíritu Santo, gobierna nuestra vida y guía cada uno de nuestros pasos y decisiones. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
Con amor,
Jonathan Galvis Suárez
Solo el espíritu Santo puede llenar los vacíos de nuestro corazón
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