Los seres humanos, por naturaleza, fuimos creados por Dios desde el principio para ser seres sociales y vivir en comunicación con los demás. Esto facilita el apoyo mutuo, la interrelación y la convivencia, y permite, además, edificar el amor hacia Dios y hacia el prójimo como eje central de una vida plena y con propósito.
Dios mismo señala en Su Palabra que la soledad no formaba parte del plan original para el ser humano, por lo que creó una compañera idónea para Adán: “No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18).
Las personas solas o aisladas generalmente no son autosuficientes y pueden tener dificultades para desarrollarse plenamente. Vivir en comunidad facilita la supervivencia en los diferentes entornos en los que se desenvuelve una persona, permite enfrentar peligros, aprender nuevas cosas y tener mayores posibilidades de crecimiento.
Con este preámbulo, podemos deducir que, de acuerdo con las decisiones que tomemos respecto a las personas con las que nos relacionamos, así será también su influencia en nuestro desarrollo personal e incluso espiritual.
A partir de esta reflexión, me permito compartir algunas experiencias que tuve hace algunos años, antes de comenzar mi camino con Dios. En ese tiempo, ciertas decisiones que tomé respecto a mis relaciones interpersonales, tanto de amistad como sentimentales, incidieron negativamente en mi vida.
En cuanto a las relaciones sentimentales, me dejé llevar por las apariencias y los sentimientos superficiales, eligiendo en muchas oportunidades a mujeres que me hirieron, me estancaron y me apartaron de la presencia de Dios. Eran relaciones huecas y vacías, sin ningún tipo de propósito, tal como lo describe la Palabra:
“...No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”
(2 Corintios 6:14)
Esta situación era muy similar con algunas de mis “amistades”, las cuales, debido a mi falta de carácter, me llevaron a tomar malas decisiones, como asistir a lugares de pecado, ser infiel, gastar dinero en alcohol, endeudarme y participar en reuniones de espiritismo, entre otras cosas.
En 2 Corintios 6:14 también encontramos esta enseñanza: “...no se asocien íntimamente con los que son incrédulos. ¿Cómo puede la justicia asociarse con la maldad? ¿Cómo puede la luz vivir con las tinieblas?”
Esto nos enseña que las personas que escogemos para rodearnos pueden ejercer una influencia importante en nuestras vidas. Su influencia puede acercarnos a la luz o llevarnos hacia la oscuridad.
Ahora bien, a partir de estas vivencias y de lo que Dios me ha enseñado durante estos últimos años de permanencia en la iglesia, he aprendido que debo pedir la dirección del Espíritu Santo respecto a las personas con las que me relaciono: si son personas que me convienen, que me ayudan a crecer y que ejercen una influencia positiva en mi vida.
Fue así como pude tomar una de las mejores decisiones de mi vida: escoger a una maravillosa, grandiosa y espectacular mujer como esposa. Ella me ha ayudado a desarrollarme en diferentes áreas de mi vida, especialmente en mi relación con Dios, porque ha sido esa verdadera ayuda idónea.
Esta decisión también fue resultado de haber consultado a Dios a través de Su Palabra. Mi oración fue contestada mediante el versículo de Jeremías 32:39:
“Les daré un solo corazón y un solo propósito: adorarme para siempre para su propio bien y el bien de todos sus descendientes...”
Hoy cuento con amigos en la fe que realmente me hacen feliz y me ayudan a crecer. Sin duda alguna, estos últimos años han sido aquellos en los que he experimentado mayor gozo y plenitud, una plenitud que no se puede describir simplemente con palabras.
Oración
Señor, te doy gracias por Tu misericordia y Tu amor, porque durante estos últimos años me has rodeado de personas tan especiales: mi esposa, mis hijos, mis amigos en Cristo, mis discípulos, mis consiervos y mis líderes.
Gracias porque, a través de ellos, he podido experimentar Tu amor y crecer en diferentes áreas de mi vida. Gracias porque, por medio de Tus enseñanzas y de Tu Palabra, he aprendido a discernir qué personas son convenientes para mi vida y cuáles pueden contribuir a mi crecimiento.
Clamo para que todos aquellos que lean este blog puedan recibir sabiduría y discernimiento para escoger correctamente a las personas que los rodean, entendiendo que nuestras relaciones pueden influir profundamente en nuestro caminar, nuestro carácter y, especialmente, en nuestra relación contigo.
En el nombre de Jesús, amén.
-Con amor, Víctor y Luzdary Triviño
Amén Dios te bendiga
ResponderBorrarEs entender que por medio de la palabra encontramos la ayuda que necesitamos para ser guiados por el espíritu Santo
ResponderBorrarAmén y amén
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