“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”
Romanos 8:28 (RVR1960)
Con frecuencia les preguntamos a los niños: “¿Qué quieres ser cuando crezcas?”. Cuando lo piensas, es una pregunta un poco intensa para un niño de cinco años. Pero cuando cumples 18, de repente existe una presión profunda por determinarlo. Entonces surge la gran pregunta: ¿Qué se supone que debo hacer con mi vida?
Afortunadamente, Jesús nos da un marco que podemos seguir.
Recordemos que nuestro propósito principal es amar a Dios y amar a las personas. Suena sencillo, pero ponerlo en práctica puede ser difícil.
Amar a las personas significa amarlas cuando son un desastre, cuando te tratan mal, cuando te traicionan, cuando hablan mal de ti y cuando te hacen enojar. Significa que cada decisión debe ser filtrada a través de esta pregunta:
¿Esta decisión demuestra amor hacia las personas que están a mi alrededor?
Jesús nos dio más claridad acerca de nuestro propósito cuando dejó a Sus discípulos. En Sus últimas instrucciones, Él les encomendó una misión: ir por todo el mundo, hacer discípulos y enseñar a las personas a obedecer a Dios. También prometió estar con nosotros en cada paso del camino.
Es por ello que nuestra misión es llevar a las personas a Jesús, amándolas como Jesús las amó.
Aunque suena sencillo, ¡no es nada fácil! Es una decisión y un compromiso continuo. Cuando entendemos cuál es nuestro propósito, no importa lo que estemos haciendo: si estamos haciendo negocios, estudiando o trabajando, hagamos que nuestra misión sea amar a las personas que están a nuestro alrededor y contarles las buenas nuevas de Jesús.
Querido lector:
¡No tienes que hacer algo épico para hacer algo importante!
No tienes que ser gerente general, entrar al ministerio o iniciar una gran causa para marcar la diferencia. Todas esas cosas son excelentes, pero todos tenemos la oportunidad de hacer grandes cosas cada día, simplemente amando a las personas que Dios pone frente a nosotros.
Así que hoy decide soltar la presión de tener que descubrirlo todo de una vez. Rompe con las expectativas innecesarias que te has impuesto. No olvides que Dios está contigo, guiándote y llevándote por el camino que Él tiene preparado para ti.
¿Sigues preguntándote cómo reconciliar esta verdad con las grandes decisiones que tienes frente a ti?
Aquí hay tres preguntas que pueden ayudarte a decidir cómo vivir tu propósito, teniendo en mente que puedes amar a Dios, amar a los demás y hacer discípulos sin importar a dónde vayas.
1. ¿Qué experiencias pasadas te han moldeado?
Tu pasado no te define, pero puede darte información valiosa. ¿Has pasado por algo que ahora te gustaría utilizar para ayudar a otras personas a atravesarlo? Eso quizá pueda ayudarte a descubrir aquello que realmente te apasiona.
2. ¿Tienes algún sentido del llamado?
¿Qué causa un “enojo santo” en ti?
Por ejemplo, quizá sientas una pasión intensa por proteger a los niños que se encuentran en situaciones de inseguridad. O quizá siempre hayas sentido una inclinación especial por cuidar a las personas enfermas.
Sea lo que sea, piensa si determinada carrera o actividad podría ayudarte a hacer más de aquello para lo cual Dios te ha capacitado y llamado.
3. ¿Con qué cosas tienes talento natural?
Todos tenemos diferentes talentos dados por Dios para Su gloria.
¿Qué cosas se te dan naturalmente? ¿Qué habilidades reconocen otras personas en ti?
Estas respuestas podrían ayudarte a decidir qué camino tomar y cómo poner tus dones al servicio de Dios y de los demás.
Reflexión personal
Tómate un tiempo para reflexionar sobre las preguntas anteriores.
Ora acerca de tus respuestas y habla sobre ellas con alguien cercano, un amigo de fe que pueda escucharte, aconsejarte y orar contigo.
Pregúntate:
¿Estas respuestas pueden ayudarme a tener mayor claridad sobre mi propósito de amar y servir a los demás?
Recuerda que encontrar tu propósito no significa tener todas las respuestas de inmediato. Significa caminar con Dios, aprender a reconocer Su voz y estar dispuesto a dar el siguiente paso que Él pone delante de ti.
Oración
Amado Señor:
Gracias porque nos has dado a todos diferentes dones, talentos y habilidades. Ayúdame a amarte cada día más y a amar a las personas que están a mi alrededor.
Ayúdame a hacer discípulos y a compartir Tu amor con quienes me rodean. Dame claridad para saber dónde puedo servirte mejor y muéstrame cuál es mi próximo paso en esta carrera de la fe.
Ayúdame a comprender que mi propósito no depende solamente de lo que hago, sino de cómo puedo glorificarte y amar a los demás en cada lugar donde me pongas.
En el nombre de Jesús.
Amén.
Con cariño,
Rossemarie Rizzo Martínez
Pastora – MCI Bogotá
Inspirado en “Una vida con propósito”.
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