CARTAS DE AMOR Salmos 119:97 “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación” Cuando conocí a Jesús verdaderamente y tuve mi encuentro con él, mi corazón aún con dudas, miedos, inseguridades y luchas con mi viejo hombre, siempre tuvo un solo anhelo, poder estar cerca de Jesús. Pedirle que de alguna manera me enseñara cómo debía tomar decisiones y vivir mi vida, o tal vez preguntarle qué significaban muchas de las cosas que me habían ocurrido antes de conocerlo. Y en medio de ese deseo, durante muchas noches, le reclamé a Dios por que Él decidía hablarle a otros y no a mi, pues había escuchado que otras personas decían que oían a Dios y que Él les direccionaba a cómo tomar una decisión en su trabajo, en su hogar, en una relación sentimental, y terminé cayendo en la frustración. Pero Jesús tuvo misericordia de mi clamor, y me enseñó por qué no podía escuchar su voz o entender lo que Él me hablaba, y me enseñó lo que el Rey David comprendió en su tiempo “Lámpara...