No te conviertas en infructuoso
"Pero la falta de fruto era palpable, como un jardín que, a pesar de ser regado, no florecía".
¡Hola, querido lector! Hoy quiero iniciar este blog con estas palabras que encontré en el libro ¿Y tú qué dices, Espíritu Santo?. En uno de sus capítulos, el pastor Alfredo Mora cita esta frase que me dejó reflexionando profundamente.
¿Alguna vez te ha pasado? ¿Te has sentido vacío a pesar de estar "ocupado" en las cosas de Dios? Sientes que haces todo lo que se supone que un cristiano debe hacer: asistes a la iglesia, vas a tu célula, no te pierdes ningún evento y buscas ser ministrado. Sin embargo, al llegar a casa, hay un eco de vacío. No es necesariamente porque estés en pecado o haciendo algo "malo", es simplemente esa sensación de que falta algo más.
Si te has sentido así, quiero decirte que no estás solo. A mí también me ha pasado. A veces, nuestra vida espiritual se vuelve como un jardín que regamos por pura inercia, pero en el que no vemos brotar ni una sola flor. Nuestra relación con el Espíritu Santo se vuelve monótona; permitimos que se convierta en una "responsabilidad" o en una casilla más que marcar en nuestra lista de tareas diarias. Lo hacemos mecánicamente, y es ahí donde el jardín se detiene.
El peligro de la "Religiosidad Mecánica"
El problema de la rutina es que nos desconecta del corazón de Dios. Nuestra relación con el Espíritu Santo debe ser una historia de amor, no un manual de procedimientos. Es una decisión diaria de querer hacerlo mejor, de hacer que cada momento con Él sea especial y de estar dispuestos con todo el corazón.
Cuando dejamos de lado la intención y el amor, corremos el riesgo de volvernos infructuosos. Pero, ¿qué significa realmente dar fruto? La Biblia nos da la respuesta clara en Gálatas 5:22-23:
"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley".
¿Cómo volver a florecer?
Para que un jardín florezca, no basta con echarle agua por compromiso; hay que preparar la tierra, quitar la maleza y, sobre todo, dejar que el Sol haga su trabajo.
Vuelve a la intención: No leas la Biblia por cumplir un plan, léela para conocer a la Persona que la escribió.
Habla con sinceridad: Si te sientes vacío,
¡díselo al Espíritu Santo! Él prefiere una oración honesta sobre tu cansancio que una oración "bonita" pero vacía.
Busca el fruto, no solo la actividad: Evalúa tu día. ¿Hubo amor en tu trato con los demás? ¿Tuviste paz en medio del tráfico? Ese es el verdadero florecimiento.
Querido lector, si hoy te sientes marchito o sientes que tu jardín está estancado, este blog es para ti. Y si estás en un tiempo de mucho fruto, ¡qué genial! Aprende a cuidar tu tierra para que nunca dejes de brillar.
Oremos:
Padre hoy anhelamos que puedas renovar nuestra fuerzas, danos creatividad para tener una mejor relación con el espíritu santo, para ver florecer nuestro jardín y sentir ese aroma que este conectado a la vid.
Gracias espiritu santo amen
Con cariño
Brayan & Alejandra Ledesma

Amén y amén
ResponderBorrarmuy buena reflexión ,Gracias
ResponderBorrarCreo q la pregunta es ...de manera podemos o debemos regar nuestro jardín....
ResponderBorrarAmén
ResponderBorrarQue mi relación con Dios cada día crezca , que no sea por un requisito, sino con anhelo de estar cada día con El.
ResponderBorrarQue bueno enta enseñanza hisido una respuesta a la cual me estaba haciendo el por que ami gracias por tu reflexión Dios te bendiga siempre Jairo Vanegas
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