¿CUÁL ES TU VESTIDO?

“Sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Romanos 13:14).

El Apóstol Pablo concluye un párrafo sobre cómo ha de ser nuestra vida en este mundo, lo que llama aquí andar de día. Este versículo nos presenta un contraste simple: o nos vestimos de Cristo o estamos haciendo provisión para andar en los deseos de la carne. 

Creo que todos podemos afirmar que normalmente no buscamos andar en los deseos de la carne, pero la verdad es que luego se presenta una tentación y muchas veces tropezamos. Sin darnos cuenta, allí nos vemos controlados y guiados por los deseos de nuestra naturaleza carnal. Si somos honestos, todo ocurre tan “naturalmente” que a veces ni nos damos cuenta que estamos andando en los deseos de la carne hasta después… cuando vemos las consecuencias de nuestras actitudes y de ¡nuestras acciones!. 

La pregunta del millón de dólares es: cómo podemos evitarlo? La respuesta de Pablo es vestirnos del Señor Jesucristo. En el capítulo 13 del libro de Romanos, en el versículo 12 había usado la misma imagen: «Vistámonos las armas (la armadura) de la luz». El punto principal es recordar que Cristo no solamente nos salvó sino que también es la clave de nuestra vida espiritual, nuestra santificación. 

Es por ello que Debemos empezar cada día conscientemente sumergirnos en su Palabra y en la oración con Él, continuando a lo largo del día en la meditación. Así estaremos vestidos de Cristo, y lo sabremos cuando notamos que Él está llenando nuestros pensamientos y su voluntad, determinando nuestras acciones.

Aplicación personal: 

Hoy, te invito querido lector a vestirnos  de la armadura de Cristo para no proveer ocasión para los deseos de la carne, sino para ser renovados en nuestra mente y dejarnos guiar a la manera de Jesús.

Oración:

Amado Señor te doy gracias por el sacrificio de la cruz que me dio provisión de tu amor y de tu salvación! Ayúdame a depender de tu guía y no de mi propio parecer! Para poder experimentar tu poder en mi! Ayúdame a someterte a mi autoridad y lograr ser discípulo para poder derrotar mi YO y ser el PASTOR que quieres formar en mi vida.

¡Amén!

Recuerda esta promesa: 

“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo. Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.”

ROMANOS 13:1-8 RVR1960

Con cariño 

Rossemarie Rizzo Martínez 

Pastor MCI Bogotá (USAQUÉN)




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