ESPERANZA.
“Cerca está el Señor de los
quebrantados de corazón, Y salva a los abatidos de espíritu.”
Salmos 34:18
Cómo
iglesia estamos en tiempo de intercesión por nuestro país para ser redimido del
poder del enemigo. ¿Por qué estamos caminado cuarenta días hacia la Cruz?
Para
rendir el control a Dios. Para obedecer a sus promesas. Para hacer morir
nuestro ego y a nuestras debilidades carnales que nos alejan de nuestro Padre
celestial.
Querido
lector, te invito ahora mismo estar al pie de la cruz de Jesús, para conocer la
voluntad de Dios para tu vida (que es buena, agradable y perfecta) y activar La
esperanza en tu corazón.
Recuerda
que esta esperanza cristiana no es ingenuidad. No es cerrar los ojos al dolor. Es
permanecer con los ojos abiertos, y la mirada fija en Jesús en medio de las
circunstancias difíciles. Tampoco es un “ojalá”. Es confianza en el carácter de
Dios.
Todos
vivimos momentos en que nos pesa la ausencia de respuestas, de claridad, de una
persona que ya no está. El corazón se quiebra. El espíritu se cansa. Este
proceso en la palabra de Dios se denomina: “abatidos de espíritu”.
Y
el énfasis del Salmo 34, es que, en medio de toda circunstancia, El Señor está cerca
de nosotros.
Aunque
Jesús está ahora a la diestra del Padre, no es distante, ni indiferente, es el
Dios que se acercó hasta lo más hondo de nuestro sufrimiento:
Jesús
lloró frente a la tumba de su amigo Lazaro.
Jesús
gritó desde la cruz. Jesús descendió a nuestra oscuridad.
Probó
todo el sufrimiento humano, para afirmar que Él está cerca de nosotros.
La
esperanza no nace de evitar el dolor, sino de descubrir a Dios dentro de él.
No
existe una vida cristiana libre de dolor, pero si existe una vida cristiana llena
de Esperanza.
La
Cruz parecía el final. Todo indicaba derrota. Pero el amor no estaba vencido.
El silencio del sábado no era abandono; era preparación.
Nuestra
esperanza no descansa en lo que vemos hoy. Descansa en lo que Dios ya hizo en
Cristo. La muerte no tuvo la última palabra, y jamás la tendrá.
Por
eso podemos saber y declarar que no caminamos solos.
La
esperanza nos une. Nos sostiene. Nos hace mirar más allá del viernes de crucifixión
hacia el domingo de resurrección.
No
negamos las lágrimas. Pero tampoco negamos la promesa. Dios no solo da
esperanza. Él es el Dios de la esperanza. Y el Espíritu Santo sigue soplando
vida nueva en corazones cansados.
“Bendito el Dios y Padre de nuestro
Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una
esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos”
1 PEDRO 1:3
Aplicación
personal:
Este
camino hacia la Cruz, es levantarnos puestos nuestros ojos en Jesús, que es el
autor y consumador de nuestra fe, con una mirada de confianza renovada en
Cristo y su promesa. No olvides que La tumba no define tu historia. ¡El amor de
Dios sí!
Oración:
Amado
Señor, ¡haznos abundar en esperanza! Permítenos volver a creer a pesar del
dolor y el sufrimiento. No nos dejes caer en tentación y no nos permitas
disminuir en la fuerza de nuestra oración.
Para
memorizar:
“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de
quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?”
SALMOS 27:1
Con
cariño, Rossemarie Rizzo Martínez.
Pastora
MCI Bogotá Usaquén.

Amen ,Ps gracias por que con tus mensajes les das aliento de vida a mi vida y una esperanza que sé que viene solo del padre,pero por medio tuyo siento tranquilidad y sé que Dios está con migo.❤️🌹
ResponderBorrarAmén amén
ResponderBorrarAmén amén amén
ResponderBorrarAmén y amén
ResponderBorrarAmen amen
ResponderBorrarAmen
ResponderBorrarAmén
ResponderBorrar