¿Nacer de nuevo?
“¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro
Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo
mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para que tengamos
una esperanza viva”
1 Pedro 1:3
Saulo
de Tarso era un fanático religioso, ultra ortodoxo, enamorado de su religión, y
convencido de que, por su pasión y fervor religioso, y por guardar las
costumbres y la ley, y por ser violento contra los que estaban en contra de su religión,
estaba agradando a Dios. Pero en realidad era un asesino lleno de odio y de
amargura en su corazón y de un celo que no venía de Dios. Mas cuando tuvo su
encuentro personal con Jesús, su vida fue transformada de una manera tan
profunda y radical, que rompió completamente con las costumbres religiosas del
pasado, desechó su religión, y abandonó su fanatismo y su violencia por el amor
de Dios. Fue tan profunda su conversión, que terminó siendo apóstol de
Jesucristo, dispuesto a sufrir persecución, humillaciones y dolor por amor a
Cristo.
La
vida cristiana no consiste en ritos y dogmas, ni en nuevas costumbres y hábitos,
ni en un nuevo lenguaje, ni una nueva manera de vestirse, ni una nueva música
que se escucha, ni una nueva reunión que uno adopta cada semana. La vida
cristiana se caracteriza por una transformación interior obrada por el Espíritu
Santo en la vida del que se arrepiente y se aparta de su pecado, es decir que
no es algo que viene de afuera hacia adentro por las prácticas religiosas, sino
de adentro hacia afuera por la obra del Espíritu Santo.
Pablo
enseña en 2 Corintios 5:17
"De modo que si alguno está en
Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas
nuevas"
Esto
nos da a entender que cuando nos arrepentimos de nuestro pecado y recibimos a
Cristo en nuestro corazón, el Espíritu Santo obra en nosotros una
transformación profunda y completa.
Y
no así al contrario, como si el cambio de hábitos y de costumbres, o que
hagamos cosas diferentes logre que el Espíritu Santo obre en nosotros, porque
ese es el camino de la religiosidad; mientras que cuando el Espíritu Santo obra
en nosotros y luego se produce el fruto, ese es el camino de la fe, en otras
palabras, “no es cuestión de parecer sino de ser”.
La
vida cristiana tampoco se trata de ir a la iglesia, sino de ser la
iglesia, no se trata de ir al templo, sino de ser el templo,
porque como lo dice en 1 Corintios 6:19-20:
“El cuerpo de ustedes es como un templo, y en
ese templo vive el Espíritu Santo que Dios les ha dado. Ustedes no son sus
propios dueños. Cuando Dios los salvó, en realidad los compró, y el precio que
pagó por ustedes fue muy alto. Por eso deben dedicar su cuerpo a honrar y
agradar a Dios.”
Nosotros
somos templo del Espíritu Santo, y el Espíritu Santo vive en nosotros, así que,
todo lo que hagamos, lo que pensemos, lo que digamos y lo que sintamos, tiene
que ser dirigido por el Espíritu Santo. Tenemos que aprender a someternos a él,
para que realmente vivamos para él, si no vivimos para el Espíritu Santo no
conocemos realmente a Jesús, y como lo dice la Palabra en Mateo 7:22-23:
“Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no
profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu
nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os
conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”
Así
que no se trata simplemente de conocer de Dios, sino ser conocidos por Dios, en
eso consiste la vida eterna.
Y
finalmente, cuando nuestras vidas son realmente transformadas, Dios nos usa a
nosotros para transformar la vida de otros, eso es una clave para estar seguros
si estamos andando en el Señor: Que realmente hayamos sido transformados y que
podamos inspirar a otros para que sean transformados por el Señor.
¿Hemos
sido realmente transformados por Dios?
Guardémonos de estar viviendo una vida religiosa de simple apariencia, sin
estar sometidos realmente al Señor.
¿Recientemente
hemos sido transformados en algún área de nuestra vida por el Espíritu Santo? La vida cristiana incluye una
transformación continua, porque donde hay vida, siempre hay cambio y
crecimiento.
¿Qué
falta en nosotros por ser transformado? Necesitamos examinarnos y juzgarnos a nosotros mismos
para presentar continuamente delante de Dios nuestras debilidades y nuestras
faltas y disponernos para ser transformados por él, pues aunque no somos
perfectos, vamos en camino de perfección.
¿Hemos
inspirado a alguien a dejarse transformar por Dios? Nuestras palabras pueden llegar a la
mente de las personas, pero nuestro ejemplo puede tocar sus emociones y ser
usado por Dios para inspirarlos al cambio.
Con
amor, Alexander y Leonor Ardila.

Amén y amén
ResponderBorrarQue es la vida eterna que te conozcan a Ti EL Único Dios verdadero y a Jesús Cristo a quien has enviado
ResponderBorrarAmén 🙏 gracias por este devocional
Amén y amén
ResponderBorrar