FLORECIENDO EN EL DESIERTO

“Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. Se rio, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo? Entonces Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja? ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo.

GÉNESIS 18:11-15 RVR1960

Una historia muy especial se escribió en la Biblia, acerca de una mujer llamada Sara.

Sara estaba oyendo desde la tienda, y lo que escuchó parecía demasiado para su corazón cansado. Tenía noventa años. Su cuerpo conocía el silencio de la esterilidad. Su alma, el eco de oraciones sin respuesta. Cuando escuchó que tendría un hijo, rió para sí misma. No fue burla, fue el dolor de la incredulidad. A la verdad fue una reacción humana, nacida de años de espera frustrada.

Pero Dios no se quedó en silencio, le respondió con una pregunta que ha estado presente en la mente de muchos, en siglos de historia: ¿Acaso hay algo imposible para el SEÑOR?

Es clave recordar:

                             Dios no solo cumple promesas imposibles. Él también se acerca con ternura a quienes han aprendido a esperar en silencio.

                             En su fidelidad, no sólo transforma las circunstancias, también reanima la esperanza, restaura el asombro, y vuelve a encender la fe que parecía apagada por el paso del tiempo.

Pero para operar un milagro se hace necesario operar un cambio interno. Fue así como Antes de cumplir la promesa a Abraham; Dios les cambió los nombres, lo cual implica un cambio de naturaleza:

                             Abram se convirtió en Abraham, el padre de multitudes.

                             Saray se convirtió en Sara, la madre de naciones.

No olvides que Dios transformará primero tu identidad para prepararte para el cumplimiento de su promesa. Y Dios no tiene prisa, ´Él Espera hasta que la única explicación posible sea: “Dios lo hizo!”.

Cuando Isaac nació, no era solo un hijo. Fue un testimonio vivo de que las promesas de Dios no mueren con el tiempo, sino que se cumplen en su tiempo.

Quizás tú, querido lector, has dejado de esperar en su promesa. ¡Quizás te ríes por dentro cuando escuchas que Dios aún puede obrar! Pero, el Señor no se ofende con tu debilidad. Él se acerca y te recuerda: “Nada es imposible para mí”. Hoy te dice “solo Confía” Aún si tus fuerzas flaquean, él no ha cambiado, porque es fiel a su promesa. Tu fe puede ser débil, pero su fidelidad es eterna. El Dios que habló a Sara sigue acercándose a quienes ya no se atreven a esperar, y renueva con amor lo que creíamos perdido.

Oración:

Amado Señor, tú que haces brotar ríos en el desierto y esperanza en corazones cansados, hoy traigo ante ti mis dudas, mi espera y mi debilidad. Transforma mi corazón antes que transformes mis circunstancias. Reaviva mi fe, enséñame a esperar en ti y hazme testigo de tu fidelidad. En el nombre de Jesús, amén.

Con Cariño, Rossemarie Rizzo Martínez.

Pastora MCI Bogotá, Usaquén.

Inspirado en el devocional “Mujeres de Fe”



Comentarios

  1. Asi es descansa en la promesa

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  2. Amen por ser mi esperanza y amor en mi vida y mi familia confio en ti apesar de las sircunstansias gracias

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  3. Sandra Liliana Palacios Gonzalez12 de mayo de 2026 a las 1:32 p.m.

    Gracias pastora, esta palabra fortalece mi área emocional.

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  4. “bástame tu gracia, porq mi poder se perfecciona en tu debilidad” 2 corintios 12:9

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